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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

SILENCIOS ESTEREOFÓNICOS

SILENCIOS ESTEREOFÓNICOS

"México, la revolución congelada", un filme enlatado 36 años por incomodidad y censura política

Por: Félix Morriña

Hay filmes que rompen con los lineamientos del séptimo arte de una manera tan brillante que pareciera mostrarnos verdades tan profundas que cambiarían el curso de la historia, siempre y cuando dichas películas fueran mostradas en el momento ideal. De no proyectarse en su tiempo, permiten a las nuevas generaciones recordarles que una nación debe y puede tener memoria a pesar del bombardeo tecnologizado de la vida política moderna y el desinterés de las masas.

Dentro de los géneros y estilos del séptimo arte existe el documental como un arma para denunciar, una herramienta muy poderosa que permite reflejar la realidad. Como dijera el actor mexicano Diego Luna, el documental nos orilla a cuestionar aquello que nos rodea, a celebrar la curiosidad y a encontrar referentes para nuestra vida.

Dentro del ciclo de documentales y cortometrajes incluido en el pasado Festival Ambulante. Gira de documentales 2007, que pisó territorio mexiquense (todavía sigue su ciclo por diferentes estados de la República Mexicana hasta finales de marzo), hubo una sección nueva llamada "Dictators Cut", encargada de proyectar filmes antaño prohibidos o censurados.

La sección mencionada contempló varios documentales censurados en distintos lugares del mundo, los cuales revelan acontecimientos que han sido omitidos, manipulados o distorsionados por los medios y las autoridades porque retratan la vida de figuras controversiales de la historia que se han enfrentado a la censura o la han promovido, y documentales cuyos realizadores han sido amenazados por el contenido de sus obras.

 

Una historia para la posteridad

Una de esas obras es "México, la revolución congelada", un documental fechado en 1970 del cineasta argentino de origen alemán Raymundo Gleyzer, que aborda la historia grosso modo de la revolución mexicana hasta la campaña presidencial del entonces candidato de la República , Luis Echeverría Álvarez.

De hecho, el documental con subtítulos en inglés inicia con la campaña del otrora presidente de México y hace un recorrido por la historia no oficial y sí verídica (a partir de la investigación realizada por un grupo de cineastas latinoamericanos) del partido que estuvo más de 70 años en el poder el siglo pasado: el PRI.

En la cinta participó la entonces esposa de Gleyzer, Juana Sapire, como sonidista, y actualmente es la encargada de hacer la promoción y difusión por cuanto foro se lo permiten del documental de ella y su esposo, desaparecido (y ultimado) por la dictadura argentina en 1976.

"El filme desnuda el carácter paternalista y demagógico del PRI. A través de entrevistas a los campesinos quienes denuncian la traición a los principios de la Revolución Mexicana de 1910 y su pésima situación actual, se instala la tesis del filme: una revolución sin ideología está destinada al fracaso, devorada por los intereses de la burguesía y la burocratización de la historia", señala la sinopsis del documental en el programa de mano.

Cualquiera que tenga el mínimo conocimiento histórico de lo que ha pasado con la política nacional a lo largo del siglo XX sabe que el documental "México, la revolución congelada" iba a ser censurado por las autoridades de la época (1970), de hecho estuvo la cinta enlatada por espacio de 36 años, casi 37 porque fue terminada poco antes del primer semestre del setenta.

Era lógico que no se podía proyectar en ningún lado porque el mandatario nacional en turno no permitiría que la población (y la clase media ilustrada marginada, sometida o comprada) estuviese enterada de que la pobreza en México existía de manera extrema y que el país estaba en bonanza y no en crisis idiosincrásica.

Mostrar esa realidad a los mexicanos y a la comunidad internacional en los años setenta hubiera provocado caos social, revueltas y quizá otra historia estaríamos contando. Con esto digo que este documental debería proyectarse en todas y cada una de las escuelas públicas y privadas del país, para después evaluar si lo que realmente les están enseñando a los educandos es verdad o por lo menos quedará en manos de los padres o tutores mediar entre esas dos posturas de la historia nacional post o neo revolucionaria.

En la época de Gustavo Díaz Ordaz y de Luis Echeverría Álvarez como presidentes, las cosas se disfrazaban de una dictadura perfecta y todo estaba bajo control o sumamente vigilado, marginado y sometido. Para fortuna de los documentalistas, el filme no se editó en México porque todas las latas fueron enviadas en la inmediatez a EU una vez que terminaban de filmar en varias locaciones de México.

Esto permitió que la gente del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz y de su sucesor Luis Echeverría Álvarez no se dieran cuenta del trabajo realizado por la pareja Gleyzer-Sapire. Además, en calidad de cineastas independientes extranjeros, nunca fueron supervisados por los agentes federales. Grave error para ellos, ganancias para las futuras generaciones.

Una vez terminado el documental, la pareja decide estrenarlo en Buenos Aires, Argentina, donde fue invitado el cónsul (embajador de México en ese país sudamericano), quien mostró su disgusto y notificó al ya presidente Echeverría. De inmediato inició la persecución de la pareja por toda Latinomérica, pero nunca pudieron atraparlos.

Después de varios documentales sobre el proceder de la política en América Latina, la pareja finalmente se asentó una temporada en su natal Argentina y las cosas se vinieron abajo cuando detuvieron y luego desaparecieron a uno de los más importantes y serios documentalistas de habla hispana. Raymundo Gleyzer cayó en manos de las autoridades argentinas. Jamás lo volvería a ver Juana Sapire.

 

El legado de Raymundo Gleyzer

La memoria de este incansable cineasta puede ser revalorada a través de la adquisición de sus materiales fílmicos y estudiada por los interesados en el séptimo arte, porque la manera en que se filmaba en los años setenta tenía esa magia que sólo la artesanía de esta maravillosa profesión puede ofrecer. La tecnología de ahora para ellos hubiera sido simplemente herramienta de trabajo y no el modus operandi para realizar películas como muchos jóvenes cineastas.

"El objetivo era producto de nuestra militancia en la zona cultural del PRT, la idea era hacer cine para el pueblo, para los trabajadores que no pueden acceder al cine comercial, ya sea porque no existe donde viven y también porque no hay dinero para pagar la entrada", manifestó previo a la premier-estreno único para México  del documental de Raymundo Gleyzer, su viuda Juana Sapire.

La señora Sapire pertenece al grupo sociocultural El Cine de la Base , el cual se formó con sus compañeros de cine y de militancia política en 1971. Los integrantes del grupo eran Raymundo Gleyzer, Álvaro Melián, Juana Sapire, Nerio Barberis, Alberto Vales y Jorge Santamaría, entre otros.

"Las películas y nosotros mismos siempre estuvimos censurados. Hoy, luego de tanto tiempo, las películas de Raymundo son acogidas del mismo modo porque las necesidades y problemas se han aguzado. Me llena de orgullo que muchas de las ideas plasmadas en los documentales de mi esposo estén ahí sirviendo de parámetro para muchos seres oprimidos porque no se puede ocultar una verdad tan evidente como muestran los documentales", externó en entrevista la heredera de los filmes de Gleyzer.

Juana Sapire dijo que la ideología no desaparece, cambia, se modifica según los tiempos, pero como decía Raymundo Gleyzer: "No creo en el cine revolucionario, creo firmemente en la revolución", es decir, el hacer cine solo no basta, el revolucionario verdadero se une a un movimiento social-político, se une a la gente y aporta lo que puede a la lucha, en el caso de la pareja con el cine.

"Nos han querido aniquilar a todo el grupo, pero no pudieron. Las ideas no se pueden borrar por decreto. Ahora más que nunca hace falta un poco de claridad en este mundo tan injusto, y si las películas pueden ayudar, hemos cumplido", asienta con tremendo nudo en la garganta esta mujer de casi 60 años y con la energía para continuar haciendo gestiones para mejorar el cine documental en Argentina y el resto de América Latina.

"El cine independiente argentino está en su mejor momento, parece que ante la desgracia las artes surgen como única alternativa. Nuestros filmes les dan esperanza a los creyentes, recuperan su herencia, es más, la toman como punto de partida para el cine contemporáneo. Han declarado a Raymundo Gleyzer ‘El padre del cine piquetero (activista social)’ y el día de su desaparición, el 27 de mayo (1976), es considerado en Argentina, el ‘Día del documentalista’ latinoamericano. Así sea", concretó.

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