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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Teatro los 365 días del año: Raúl Zermeño

Teatro los 365 días del año: Raúl Zermeño

El actor, director, maestro y patriarca del teatro en nuestro país estará presente en la clausura de actividades del Día Mundial del Teatro, hoy a las 21:30 horas en la Casa de las Diligencias

Por: Blanca Ocampo / Toluca

Para cerrar la jornada de celebración se contará con la presencia de Raúl Zermeño Saucedo en el Centro Cultural Universitario "Casa de las Diligencias".

Actor, director, maestro, patriarca del teatro en nuestro país, Raúl Zermeño subió a escena el domingo pasado para aplaudir el esfuerzo de quienes alguna vez, en las aulas de la UAEM, pasaron la prueba de su exigencia extrema, su mirada retadora, su clara perspicacia y su apasionada forma de vivir el teatro.

Luego de develar la placa que reconoce el esfuerzo del Grupo "O" de Madera con la puesta "Extra, extra. Atentado contra la nación", la cual finalizó temporada en el Teatro Universitario de Cámara, Raúl Zermeño platicó con IMPULSO para reafirmar su postura, compartir sus preocupaciones y dejar ver una esperanza real para el arte y la cultura en medio del caos y la indiferencia que caracteriza dolorosamente a nuestro entorno inmediato.

Maestro, ¿ya cuántas generaciones dedicadas al teatro ha visto pasar en la UAEM?

Bastantes, no sé decir el número exacto (...) pero ya es muchísima gente la que hemos lanzado al ruedo, a un ruedo demasiado inhóspito. Las instancias culturales, cada vez menos existentes, no han respondido a esto. La misma institución (la UAEM) crea una licenciatura artística -dos tiene- y creo que no ha habido la posibilidad. Un poco hay que justificarlo por este modelo económico tan nefasto para la identidad, para el país, para las necesidades, para la ciudadanización, que es una asignatura pendiente y desde años entre nosotros. Ya son muchas generaciones y vienen más, algunos espléndidos y un poco ahogándose o con la posibilidad de huir al centro a buscar trabajo, en vez de crear aquí una instancia teatral ciudadana de importancia.

Ha tocado varios puntos, maestro. Háblenos acerca de la centralización en cuanto al arte y a la cultura, en específico del teatro en nuestro país.

Es una asignatura pendiente del Estado. Después del cardenismo esto se ha ido deteriorando; ahora ya con la privatización, comercialización, derresponsabilización -de facto siempre, acentuada hoy- de lo que es la cultura de una nación, para ella misma en cuanto a identidad: si yo no tengo dónde reconocerme a mí mismo, sino sólo en el modelo hollywood o televisivo de corporaciones más bien bastardas –bastardas en más de un sentido-, donde producen -según sus propias palabras- entretenimiento -ni siquiera divertimento-, imbecilización y por supuesto comercialización de todo producto, de todo actor, nos convierten a todos en consumidores de productos y la falta de sentido del Estado ante esta situación es cada día más lamentable.

Mencionaba la falta de apoyo y, sin embargo, el talento que ha surgido entre las filas universitarias y la vigencia del teatro frente al sistema...

Es que parece que entre nosotros ningún acto cultural tiene vigencia ya en este momento, por default. La sociedad civil es terriblemente responsable de todo esto, debería exigir la cultura, debería exigir su identidad, debería exigir música, debería exigir teatro, debería exigir cine. Hace poco tiempo todos andábamos cacaraqueando de felicidad porque los mexicanos estaban con tantas nominaciones al Oscar... padrísimo, los admiro muchísimo, pero ninguna era producción mexicana. Y el cine mexicano destruido casi hasta el fondo, existe todavía, a Dios gracias. Entonces, qué pasa con todo esto: el Estado pasmado ante su propio espejo alto deformante.

¿Qué hacer desde la comunidad teatral?

La propuesta más urgente, porque esta desciudadanización a la que hemos estado sometidos toda la etapa posrevolucionaria y, ahora, prerevolucioanaria, hemos estado sometidos a un proceso de nulificación, de mezquindad, de canibalismo, la cosa más importante para recomendarnos a nosotros, a mí inclusive también, es conjuntarnos y hacer una fuerza. No lo hemos logrado tampoco, cada uno lucha por su pequeño espacio, por su pequeña producción, por su pequeño modo y si hay que darle un golpe al otro o a los otros, se le da. Y en ese sentido creo que nos falta a nivel nacional esta especie de conciencia de clase, de profesionales, de grupo, de respeto a nosotros mismos -me refiero a la gente que hace esto. No estamos unidos (...) y esto lo aprovecha también el Estado y las instituciones para justificar un poco su falta de ayuda, su falta de sentido, porque finalmente todavía nos piensan en térmios decimonónicos, en términos de bohemios, en términos de loquitos, en térmios de tontos, y creo que ya no somos eso y que deberíamos, unidos como fuerza, demostrar que ya no somos eso y que de hecho no lo fuimos nunca (...) Ser una fuerza unida: nuestros pleitos en la ficción, nuestros pleitos en escena, nuestros pleitos en nuestra propuesta, no en nuestro gremio.

A propósito del día, ¿qué espera usted que le depare al teatro?

Yo espero lo que dije antes, que la sociedad civil despierte de su letargo, que las instituciones se responzabilicen de todo esto y que celebrar un día del teatro no sea como el día de las madres, que ese día somos hijos -¡un día al año!- y los otros 364: la vieja que se friegue igual que siempre, pero que nos quiera, por supuesto; que hagamos del teatro un hecho de 365 días al año.

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