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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Cada poema tiene su manera de decir cómo quiere ser escrito

Cada poema tiene su manera de decir cómo quiere ser escrito El ciclo Los deseos presentó a Flor Cecilia Reyes quien habló de su oficio de escritora

Silvia Márquez / Toluca

 “Cuando escribo me siento en el escritorio; comienzo a tomar notas con lápiz en un block amarillo y después voy armando (...) Me gusta escribir con lápices de punta fina y me encantan las gomas, a lo mejor por mi obsesión de estar corrigiendo lo que escribo. De esta manera comenzó la presentación de Flor Cecilia Reyes en el ciclo “Los deseos”.
Los muros del Museo José María Velasco sirvieron como escenario de la charla que sostuvieron la escritora y Roberto Fernández Iglesias, quien explicó que no existía un ensayo previo por lo que la propuesta fue hablar de la “talacha” poética. “No se trata de demostrar que Flor Cecilia sea poeta, eso el que no lo tenga evidente se va a aburrir mucho porque aquí no se lo vamos a probar; tampoco se trata de interpretar su trabajo. En la carrera de letras, cuando hacía el curso de análisis literario, le decía a los alumnos ‘lo peor que ustedes pueden hacer es ir a las declaraciones del autor sobre su obra’, el autor no siempre es el mejor autor de su obra”.
La manera en la que comienza el ejercicio de creación de la poeta quedó develado ya que como ella misma dijo, “tengo que escribir los poemas en el momento que surgen. En el auto siempre traigo una libretita y lápiz para poder hacerlo, así nace el poema. La talacha viene después. Hay que trabajarlo, hay que irle buscando cómo agarrarlo y ahí existe el trabajo del oficio; se trata de saber cómo esa idea puede manejarse de tal manera que puede establecer un puente con el otro y que tenga claridad. La herramienta es el lenguaje y para eso hay que sentarse a trabajarlo (...) En los poemas cada uno tiene su manera de decir cómo quiere ser escrito. Hay poemas que se inician en un alto mientras voy conduciendo, otros que nacen en una lectura, y unos más que se dan observando, en las conversaciones o después de una lectura”.
Sobre las cosas que se escriben y desechan, la oaxaqueña dijo que está preocupada por quitar las adjetivizaciones excesivas de sus escritos, además de buscar ser más directa con las palabras. “A la página impresa sólo llega una sexta parte de lo que escribo”.
El primer acercamiento que tuvo Flor Cecilia con la poesía fue la lectura de poetas de la lengua española. “Rubén Darío, Sor Juana Inés de la Cruz, Garcilazo de la Vega y Quevedo, estas fueron mis primeras voces. Al memorizar los poemas me gustaba el sonido de las palabras y después comencé a buscar mis propios sonidos, mi propio juego con las palabras y así fue como me contagié del virus de la escritura”.
La influencia de las actividades cotidianas en sus escritos son notables. La fuente de experiencias e historias son sus abuelas, en quienes Flor reconoce dos frentes que ahora convergen entre las páginas; “tuve una abuela poeta que además era costurera y una buena lectora; le encantaba escribir, tenía un sentido del ritmo muy importante y un catolicismo exacerbado. Por otra parte mi abuela materna era una mujer con humildad y sapiencia ancestral impresionante; cocinaba maravillosamente, sabía guardar silencio y tenía una gran presencia y gozo por la vida. En ellas tenía dos posibilidades de aprendizaje”.
Al estudiar la licenciatura en Letras, a escritora buscaba encontrar sus propios caminos ya que mientras ella se asumía como poeta tenía claro que quería acercarse a otros poetas y otros medios de expresión. Posteriormente, el pertenecer a la primera generación de la escuela de escritores de la SOGEM, significó el enfrentamiento con los fantasmas propios. “Los otros géneros –además de la poesía- siempre fueron mi gran temor porque no encontraba la manera de abordarlos y eso solamente podía lograrlo por medio de herramientas que solamente me las podrían dar otros escritores que se enfrentaron a los mismos demonios que yo. La SOGEM  era esta propuesta y finalmente resultó”.
Ante el cuestionamiento de las diferencias entre la escritura masculina y femenina, la poeta dijo que esta situación es anacrónica “y no tenemos por qué parecernos a un hombre desde nuestras posibilidades creativas porque no somos iguales, ni entre nosotras mismas somos iguales”.
La plática con Flor Cecilia dejó claro que la poesía es algo que se da en ella como una necesidad. “Es una necesidad absoluta para reconocerme y para reconocer a los demás. En la poesía no hay una separación entre lo que imaginas, lo que vives realmente y lo que deseas; el que el sueño y la realidad puedan reunirse en un solo poema sin que tengan que brincar ni el tiempo ni el espacio, es una posibilidad que tiene y debe ejercer el poeta”.
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