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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Entrevista con el poeta Eduardo Langagne

Los promotores verdaderos que trabajan en beneficio del país son los que han hecho el programa cultural, no la presidencia de CONACULTA y menos la presidencia de la República

Blanca Ocampo

Toluca

El martes pasado dio inicio el ciclo "Generaciones literarias" organizado por el ITESM campus Toluca con la presentación del poeta y traductor Eduardo Langagne, ganador de importantes premios literarios, como el Aguascalientes (1994) y el Casa de las Américas (1980).

Luego de que diera una lectura amena y comentarios inteligentes a los estudiantes que acudieron al auditorio I del campus, IMPULSO charló con este promotor de las letras mexicanas.

Cercano al quehacer literario de los jóvenes, ¿qué podrías notar como una tendencia dentro de la poesía actual?

Es difícil porque esos comentarios de pronto parecen pontificación. Creo que hay entre la gente joven una búsqueda que renueva la esperanza, eso dicho con toda claridad, no como una metáfora vaga, sino como algo rotundo de la realidad actual. Creo que hay una renovación de la esperanza a través de la poesía más nueva; poetas muy jóvenes que están empujando fuerte que nos dejan fácilmente atrás a los mayores, a los de generaciones anteriores. Por eso me parece tan rico estar leyendo y siguiendo a cada uno de los que aparece, porque hay novedades notables en la poesía de todo el país, eso es muy grato.

En el terreno de la promoción literaria, donde también juegas un papel importante, ¿cuáles son los retos y cuáles los logros que se han tenido dentro de tu conocimiento en el ámbito?

Lo primero es que hay más posibilidades para quien quiera dedicarse a una actividad artística. En el caso concreto de la poesía, creo que cada vez más hay en las instituciones de educación superior, en las entidades federativas. Por ejemplo, los talleres literarios, las escuelas de SOGEM (Sociedad General de Escritores de México), las visitas de escritores que no eran tan frecuentes hace 50 años, eso va ayudando a que se genere un clima cada vez mayor.

Empecé conversando del libro que UNESCO editó donde ya hay una preocupación mundial por la enseñanza de la poesía, no de la literatura, de la poesía en todos los idiomas, sabiendo que es un espacio vital, fundamental, para el desarrollo integral del ser humano. Esto es muy alentador, creo que también las comunidades van exigiéndole cada vez más a sus autoridades educativas, gubernamentales, los espacios necesarios para la expresión de sus inquietudes artísticas.

¿Cómo ves el panorama en cuanto a política cultural ahora que vamos a iniciar un nuevo sexenio?

Desafortunadamente hay 2 partes: la buena y la mala. La mala es que, por ejemplo, desde el papel, desde la mesa se habla de un programa del libro y la lectura, se construye una gran biblioteca y luego se rechaza una ley al precio único (del libro) con un gran desconocimiento e ignorancia, con argumentos de orden financiero pero que son irreales, mal planeados.

Ahí se da cuenta uno que un presidente de la República está mal orientado por los que están alrededor; si hubiera escuchado a todos los escritores, editores que estuvieron trabajando por la ley del precio único dando la versión internacional de por qué es conveniente, otra cosa hubiera sido.

Entonces tú no puedes creerle a quien rechaza una ley de precio único que promueve el libro y la lectura, porque justamente ahí está echando a perder todo lo que hubiera sido benéfico y al mismo tiempo te das cuenta de que la construcción de una biblioteca –cuando no se tiene el criterio del apoyo a los editores o a la distribución del libro– también va resultando un elefante blanco, para utilizar esta metáfora.

Ahora la parte buena, porque no hay que olvidarla, es que a pesar de las autoridades culturales de cada administración –estatal o federal, que en este caso fue bastante deplorable– sí tienes a profesionales de la promoción cultural en puestos clave. Ahí es donde nos damos cuenta de que no se pueden inventar las cosas de la noche a la mañana, y si revisamos muy bien, por ejemplo, el programa de CONACULTA, nos damos cuenta de que lo fundamental de CONACULTA, los mejores programas, lo más importante estuvo a cargo de promotores culturales profesionales formados en la batalla de la promoción cultura.

Estos promotores verdaderos que trabajan en beneficio del país son los que han hecho el programa cultural, no la presidencia de CONACULTA, en este caso y menos, como se ve, la presidencia de la República.

¿Crees que son suficientes los apoyos a partir de las becas y los programas institucionales para los jóvenes?

Es difícil la respuesta porque cada vez más hay una demanda de atención. Pero por otra parte, creo que podrían estar siempre bien recibidos. Suficiente quizás no sea la palabra porque la demanda es mucha, pero lo que sí es verdad es que no es la única posibilidad de aliento o estímulo a los creadores.

También ahora se está trabajando muchísimo la autogestión y la capacidad autogestiva de la gente ha crecido mucho, de los artistas, ha ido fortaleciéndose. Se tiene ya un mejor conocimiento de que no todo viene a través de las instituciones culturales, que también los organismos privados pero que también la sociedad organizada puede acceder a acciones vitales de gran fuerza.

Además de la autogestión, ¿qué alternativa vislumbras para el fomento auténtico de la literatura?

Hay un fomento. Si las autoridades educativas consideran la enseñanza y no de la literatura, de la enseñanza artística con todo cuidado, con toda profundidad, hay un fomento, una divulgación y desarrollo de las artes, potencial enorme.

Creo que es eso, que en los programas educativos se entienda muy bien cuál es la labor de los programas de educación artística porque esto va fortalecer, y no solamente como creadores, también como público espectador (...) con este estímulo a la educación artística también estás formando públicos (...) Esta educación artística desde los niveles educativos va a fortalecer muchísimo la formación de públicos diestros para ser receptores críticos de los productos artísticos.

Actualmente, ¿qué ocupa el tiempo de Eduardo, aparte de la Fundación para las Letras de México y Tierra Adentro?

En Tierra Adentro yo he colaborado siempre, en este momento lo que hago nada más en un programa de radio de divulgación, siempre desde distintas trincheras en ese programa.

Pero mi tiempo está en recibirme en la maestría que recientemente hice en letras latinoamericanas; mi tiempo estará en meterme al doctorado y en terminar algunos pendientes que tengo que acomodar: un libro de poemas, un libro de traducción, un libro de ensayos sobre un poeta brasileño, Manuel Bandeira.

Y los tiempos de atención a todas las actividades de difusión literaria, el estímulo y la búsqueda de espacios para que los más jóvenes nos demuestren por qué hay que apurarse.

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Eduardo Langagne

Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas y profesor de portugués. Poeta y traductor. Obutvo en 1980 el Premio Casa de las Américas de Cuba y en 1994 el Premio de Poesía Aguascalientes. Su obra, además de ser publicada por distintas editoriales, aparece en numerosas antologías de México y otros países. Es relevante su intensa labor como editor de libros y revistas, y como impulsor de autores de todo el país.

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