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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Escaramuza

La Estuata del Bufón, un monumento a la ignorancia

Por: Polo Castellanos

"No se dice estuata, se dice menumento" afirma un chiste popular. Pero no es lo uno ni lo otro. Tan solo se trata de un verdadero monumento al cinismo, a la burla y un atentado descarado a la dignidad del pueblo mexicano. Se trata del remedo de escultura erigido en honor al bufón de las cortes del poder que calentó la silla presidencial entre los años 2000 al 2006. El ignorante de las botas campiranas color mamey que se puso al servicio de la maquinaria bélica norteamericana y que hoy se encuentra bajo investigación por enriquecimiento ilícito.

Tremendo amasijo hecho de bronce, bajo el auspicio de sus lacayos, la estatua del bufón se quiere develar a toda costa. Aunque en días anteriores ya fue tirada y mutilada por un pueblo indignado. Hoy, en restauración, se quiere volver a poner.

Pero parece ya una regla establecida por el gobierno: no tener memoria histórica y seguir golpeando el orgullo y nuestra identidad nacional. La realización de esculturas a sujetos que, lejos de merecerlos, son verdaderos insultos a la inteligencia del pueblo.

Ahí, justo en la zona donde desembarcaron tropas norteamericanas, donde se libraron cruentos combates con el pueblo que heroicamente les hizo ejemplar resistencia. Ahí, donde mexicanos perdieron la vida defendiendo su patria y su dignidad en el 47. La ignominia le pondrá un monumento a quien de muchas formas trató de entregar a nuestro país.

Y para muestra un botón. Sólo hay que darse una vuelta por el Castillo de Chapultepec para darnos cuenta de la importancia que nuestro gobierno le da a la historia de México. La famosa leyenda de los Niños Héroes y las extraordinarias pinturas en las que quedaran inmortalizados por la memoria de su compañero de lucha, Santiago Hernández, se encuentran apiñadas junto con la bandera del Batallón Activo de San Blas, orgullo del Castillo, en un espacio de cuatro por cuatro metros, con una escueta explicación. Sin mencionar las dos líneas dedicadas al General Felipe Santiago Xicoténcatl, quien también al igual que el cadete Juan Escutia con su bandera muriera defendiendo la bandera del Batallón en la capilla del Colegio. Ubicados todos en el rincón de la Sala de Banderas que ya no tiene banderas y hasta el final del recorrido por el primer piso. Sí, en cambio, podemos "admirar" en todo su esplendor los vestidos de Carlota. ¿Habrá tenido que ver algo Martita?

Pero la cosa no acaba ahí: el abominable mausoleo de mármol conocido como el monumento de los Niños Héroes está cerrado al público con una valla permanente que impide el acceso. Sólo pueden pasar los funcionarios cuando cada 13 de septiembre se acuerdan que tienen que hacer guardia de honor a los seis Héroes y decirle al pueblo de México que sí son bien patrioteros. Originalmente se erigió un Monumento que le hace honores a todos los caídos y combatientes presos del Castillo entre los días 12 y 18 de septiembre. Ahí están sus nombres, y no sólo fueron seis, en un obelisco a los pies del Castillo, donde se supone encontraron los restos de Juan Escutia. La historia cada vez quiere reducirle más sus héroes al pueblo de México.

Los retratos de los Niños Héroes, llamados así por la voz popular a partir de una frase dicha en un aniversario luctuoso por Sóstenes Rocha, director del Colegio Militar, el 13 de septiembre de 1883: "Casi eran unos niños, sí, unos héroes". Lo cierto es que no eran tan niños, aunque las fechas de la ficha museográfica no coincidan con lo que Santiago Hernández escribió en sus obras. De detalles así están plagados los museos.

No es la primera vez que se atenta contra los mexicanos y su historia; tampoco es la primera vez que barrabasadas como la de Boca del Río, Veracruz, se intentan hacer contra la voluntad de los ciudadanos. Desde los tiempos de Porfirio Díaz hasta casi cien años después, los gobernantes quieren ser inmortalizados en bustos, esculturas, monumentos, cuadros y siempre encontrarán algún arquitecto o artista que les haga comparsa por unos cuantos pesos o favores. Habrá quienes realmente merezcan quedar para la posteridad, erguidos en tremendas figuras apolíneas de bronce, para deleite de palomas y gorriones, ilustrando nuestros paisajes urbanos y enalteciendo el orgullo nacional. Pero siempre existirá algún bufón que se aplauda a sí mismo y junto con sus lacayos quiera pasar por encima de un pueblo.

Así que un caluroso aplauso a los héroes que el día sábado 13 de octubre del 2007, tan solo un mes después del 160 aniversario luctuoso de los héroes del Castillo de Chapultepec, lograron resistir y tirar abajo la estatua de un bufón y un monumento a la ignorancia y la estupidez. ¡VIVA MÉXICO!

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