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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Las razones del diablo

Un octavo de plana

Por: Dionicio Munguía J. 

Para muchos en el país, el nombre de Jeff Healey es prácticamente desconocido. Casi nadie conoce su existencia y el arte que desarrollaba. Quizá por eso me llamó la atención que un periódico de circulación nacional dedicara un octavo de plana para anunciar su muerte. Y era obvio que no causara mayor revuelo porque nunca estuvo en México ni se distribuyeron sus discos en tiendas departamentales o especializadas de música, porque Jeff Healey era uno de los músicos de blues canadienses al que se le podría considerar un virtuoso de la guitarra, sin importar que fuera ciego.

Y realmente no lo hubiera conocido de no ser por una película que sólo ha sido exhibida por televisión, en un horario poco habitual. La cinta no es un dechado de virtudes ni un filme de culto, pero lo único interesante que tenía era la participación del músico canadiense, con un breve diálogo y un par de canciones que, para los amantes del blues, son prácticamente indispensables. Es factible encontrar más información y música de Healey en Internet, pero es lamentable que músicos de esta categoría pasen desapercibidos en nuestro entorno social.

Lo único bueno de esta noticia no es la muerte de Jeff Healey, sino el hecho de que alguien recordó su existencia y lo notificó a los melómanos marginales que alguna vez lo descubrimos en el inmenso mundo de la música. Será indispensable recuperar su obra, conseguir poco a poco sus discos o grabaciones esporádicas o filmes donde haya intervenido. El octavo de plana fue un espacio necesario, algo pequeño para alguien que fue grande. Sí, ya dije que era prácticamente desconocido, que sólo algunos sabíamos de él, de la forma en que tocaba la guitarra que aprendió a tocar desde muy temprana edad, de ese virtuosismo que lo llevó a los mejores círculos del blues mundial. Fue una lástima que no estuviera alguna vez en México (al menos hasta donde yo sé), porque habría sido agradable escucharlo en vivo.

Y ese octavo de plana, a la derecha, en la parte superior, fue un aviso de lo frágil de nuestra existencia, de lo que Alain Robbe-Grillet mencionaba en una entrevista con Silvia Lemus, lo único real de la existencia en que sabemos que estamos aquí, sobreviviendo, o intentando hacerlo. Y los que aún quedan se irán poco a poco, desaparecerán de nuestro entorno existencial, engrosarán las filas de aquellos que, en su tiempo y en su vida, propusieron algo, mínimo si se quiere, pero que fue una propuesta importante para su tiempo. Con el paso de los años me doy cuenta que luchadores como Jeff Healey, intelectuales como Robbe-Grillet, son importantes en su justa dimensión y necesarios para comprender la existencia actual. Sin ellos este mundo caótico no tendría un punto de apoyo para moverse ni un escape para encontrar el hilo conductor de Ariadna.

Así es este mundo, y esta vida, y este momento de la historia.

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