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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

“El alma de los títeres está en nuestras manos”: Ana Mariza Escobar

“El alma de los títeres está en nuestras manos”: Ana Mariza Escobar

La titiritera ecuatoriana presentó su espectáculo Las medias de los flamencos este fin de semana en Toluca

Por: Silvia Márquez / Toluca

El titiritero de Serrat "vacía su alforja / de sueños que forja / en su andar tan largo. / Nos baja una estrella / que borra la huella / de un recuerdo amargo".

La imagen de los viejos muñecos que cobran vida sólo cuando entran en contacto con las manos de sus manipuladores, llega desde tiempos lejanos, sin embargo, hoy en día, la cosmovisión sobre el mundo de las alquimias ha cambiado.

Desde diversos rincones del mundo, convergen los movimientos asimilados por personajes de tela, cartón, hilos. Precisamente, el cono sur del continente americano trajo a Ana Mariza Escobar, quien llegó a Toluca con una maleta llena de "sus hijos", como ella los llama. Son los personajes de la adaptación del cuento de Horacio Quiroga Las medias de los flamencos, los que salieron y entablaron una relación simbólica con los asistentes al espectáculo este fin de semana en dos espacios diferentes: Lumbrales y la Casa de las Diligencias.

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conversó con la titiritera ecuatoriana, quien promete volver al pueblo donde deja a muchos amigos.

Podría sonar obvio, pero ¿qué es un títere?

"Un títere es cualquier objeto puesto en función escénica. Vos puedes convertir cualquier cosa en títere, siempre que le pongas la función dramática. Desde ese imaginario, el títere ya viene a hacerse con más técnicas, como el de guante, el de varilla, el de sombras".

Esa es la parte utilitaria, pero ¿qué hay del lado místico de un títere?

"Eso es lo interesante. El trabajo que hago, lo hago a la vista, pero hay momentos en el que el niño sí ve que el títere está actuando solo.

"Cuando vos trabajas, el niño sabe que estás ahí, porque uno no está para engañar al público. El niño sabe que un titiritero está atrás del teatrino manejando los muñecos, pero si el manipulador es muy bueno entonces los espectadores se olvidan que alguien los está manejando y los muñecos cobran vida propia.

"Yo soy titiretera, pero sin los muñecos no existo y ellos sin mi tampoco. Es una ayuda mutua para poder seguir caminando en esta profesión.

"Me gusta mucho algo que escribió un amigo para un espectáculo de títeres que decía que una abuela tiene el alma de abuela, un niño tiene el alma de niño, mientras que el títere tiene el alma de mano; el alma del títere está en nuestras manos".

Es un proceso mágico...

"Sí, yo siempre digo que como no tengo hijos trato a los títeres de mis hijos. Son hijos de tela, cartón, papel, esponja y así como las mamás van hablando a su bebé y su bebé se va creando en su vientre por nueve meses, yo los voy creando igual y nacen desde mis manos.

"Es muy lindo cuando hacemos contacto visual, debe ser como cuando le entregan el bebé a la madre y se ven por primera vez. Cuando les pinto los ojos es la primera vez que nos vemos y nos reconocemos.

"Cada uno tiene su personalidad. Puedes decir ‘no, son muñecos’, pero vos les pones algún vestuario que no les guste y no les gusta actuar porque es su forma de revelarse. Tengo que estar viendo qué les gusta, qué les queda mejor.

"Yo sí converso con ellos, no sólo en escena, sino en mi vida normal, les doy un beso antes de comenzar función, les tengo mucho afecto a los muñecos".

¿Cómo fue ese cambio, de verlos sólo como muñecos a transformarlos en tus hijos?

"Normalmente yo hago todos los muñecos, pero para un espectáculo no alcancé a hacerlos todos y un compañero hizo uno, pero ese muñeco no se dejaba manejar, no me salían los movimientos ni la voz. Entonces yo me puse a conversar con él y le decía: ‘no naciste de mis manos pero igual te quiero, tú sin mi no puedes hacer nada y yo sin ti tampoco, lleguemos a un acuerdo y trabajemos juntos’.

"En ese momento me di cuenta que yo necesito hacer mis propios muñecos para irlos creando desde mi interior".

¿Los títeres se deprimen?

"No sé si se depriman, pero lo que sí sé es que son caprichosos. A veces se rompen algo antes de dar función o en plena función se le safa una mano, una pata y se me quedan viendo como diciendo ‘a ver cómo sigues’.

"Creo que son como unos duendecitos, son bien bandidos, traviesos y deben mantener esa característica de ser traviesos porque eso hace que se comuniquen mejor con el público".

¿En qué momento decidiste entrar a este mundo de los títeres?

"Yo estudié arquitectura porque mis papás no me dejaban estudiar teatro, pero cuando decidí estudiar de lleno teatro, ni mamá me dijo que siempre supo que iba a ser artista. Ella dice que yo desde pequeñita desbarataba muñecos y los convertía en títeres.

"Comencé a estudiar teatro, luego me pasé a otra escuela donde creen mucho en el arte integral y ahí empecé a estudiar títeres. Después me fui al Instituto Latinoamericano del Títere en Venezuela y quedé tan maravillada de ese mundo, que cuando regresé a Ecuador dije ‘ya no quiero ser actriz, sólo me voy a dedicar a los títeres’. El maestro me dijo que fusionara las dos cosas y es lo que estoy haciendo ahora".

¿Qué pasa en Ecuador con los títeres?

"No tenemos tradición. Ahora que vine al Festival de Monterrey vi a una familia que tenía cuatro generaciones haciendo títeres, había unos títeres que tenían 50 años. Es cierto que en Ecuador sí tenemos unos titireteros viejos, pero no se ha mantenido esa tradición de familia en familia como lo vi aquí en México.

"En Ecuador hay un grupo que tiene 35 años, La rana sabia, que son los que más tiempo se han mantenido en escena y hay nuevas generaciones de gente que comienza con los títeres.

"Lo bueno en Ecuador es que la gente se ha dado cuenta que hay que estudiar porque a veces se cree que el muñeco es un muñequito nada más y le mueven como pueden, entonces lo están dañando y eso hace que muchas personas no quieran volver a ver un espectáculo de títeres porque si no está bien manejado se pierde la magia.

"Ahora ya se está tratando con más respeto, se está estudiando la técnica y está cambiando el concepto de hacer teatro para niños".

Sin embargo los títeres no son sólo para niños...

"Como los niños se apoderan del teatro de títeres, se va tergiversando y se ven a los títeres para niños, como un arte menor, pero no es así.

"El títere nace como un espectáculo para adultos en el que se satirizaba mucho a la sociedad de la época, la política y era un espectáculo para el pueblo. Utilizaban un vocabulario soez, había escenas muy fuertes, sobre todo con los títeres de guante y la gente se sentía muy comprometida con estos muñecos porque estában diciendo lo que en verdad pasaba.

"Si una persona le dice a otra ‘esto está pasando’, se pone una barrera, pero como es un muñeco el que está hablando, lo escuchamos. Llega de otra forma lo que el titiretero está expresando.

"Por ejemplo a Federico García Lorca se le conoce como dramaturgo, poeta, pero se conoce muy poco su faceta de titiretero; él escribió para títeres, fue titiretero e hizo espectáculos para adultos en los que se hablaba durísimo de la sociedad y la dictadura".

¿Ya regresas a Ecuador, pero volverás a México?

"Yo espero que sí. Hay espectativas, es la primera vez que vengo, justo por el Festival de Monterrey y de ahí gracias a grandes amigos se logró contactar algunas funciones en Toluca.

"Cuando viajas siempre piensas ‘¿cómo será? ¿me entenderán los niños de otro país?’, pero te das cuenta que las fronteras sólo son inventos de los poderosos porque somos un mismo corazón, tenemos pensamientos muy parecidos. Se inventaron los muros, pero eso no quita que uno siga viajando por el mundo.

"Creo que como el mundo es redondo, dando varias vueltas nos volvemos a encontrar".

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