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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

La ventana indiscreta

La ventana indiscreta

Alfonso Cuarón y el fin de los tiempos

Por; Eridania González Treviño

 

"Todo es una batalla cósmica entre la fe y la casualidad".

Children of men

Los directores mexicanos contemporáneos se han caracterizado por realizar sus óperas primas en México y con posterioridad desarrollar sus más excelentes trabajos en el extranjero. Un ejemplo de esto es Alfonso Cuarón Orozco, quien tiene entre sus trabajos más valorados en México y con los cuales se dio a conocer masivamente en el país Sólo con tu pareja (1991), comedia que le valió su reconocimiento en Estados Unidos donde, entre otros filmes, dirigió Grandes esperanzas (1998), película cuyo argumento, estructura, fotografía y música hablan por sí solas y elevan a su director un escalón más en la pirámide del reconocido mundo cinematográfico, además de conjugar en ella todas las versiones habidas de la canción en español más grabada y traducida en el mundo: "Bésame mucho" de Consuelito Velázquez, detalle sonoro que otorga a esta película su carácter romántico, anticuado y un poco lunático.

Después de dirigir un puñado de películas en el vecino país de norte, Cuarón regresa a México y filma Tu mamá también (2001), trabajo que lo lanza a la internacionalidad para dirigir Harry Potter y el prisionero de Azkaban (2004), un segmento en París te amo (2006), "Parc Monceau", y Los niños de los hombres (The children of men, 2006), trabajo de madurez con el que le otorgan valiosos premios en el Festival de Cine de Venecia.

Este filme, considerado de ciencia ficción, es una adaptación de la novela del mismo nombre de P.D. James, que se desarrolla en un futuro muy cercano y en escenarios de terrible anarquismo y decadencia y cuyo fatalismo radica en el hombre mismo, como hiperbolización en la consecuencia de sus actos.

En un mal augurio, Children of men plantea el final de una Era, la del hombre. Un final que se sabe y da miedo pero que está presente y ahora, más que nunca, palpable con fondos premonitorios desde los setentas que reproducen portadas de Pink Floid y que indican decadencia en enunciados simples. Aquí el argumento ya no es la guerra por la guerra, sino la lucha por la sobrevivencia, porque antes de que los ríos se sequen, antes de que el árbol deje de dar frutos, se consumirán primero las entrañas de los hombres, aquellos seres cansados de estar y que luchan sin sentido alguno por aferrarse a la existencia en un tiempo que ya no será el suyo.

En una indudable muestra de defectos humanos, Los niños de los hombres exhibe aquella necedad de siempre de detener como propios y vitales los errores que nos hacen la plaga más terrible del mundo: gente que cree lo que no debe creer porque no hay de donde detenerse ante un mundo enfermo y mañoso a punto de colapsarse. Personas que antes de razonar eligen derramar lágrimas por otros sin aceptar que lloran por su propio exterminio. Incomprensiones mundanas que para el futuro 2027 serán las mismas pero en su máxima expresión: los cazadores de inmigrantes que se creen propietarios del trozo más fértil del tierra: terremotos, contaminación, enfermedades y hambruna ocasionados por una tierra que se renueva y parece sacudirse aquella plaga que la pellizca.

18 años 4 meses, 20 días, 16 horas, 8 minutos de infertilidad humana no son un castigo, se trata de los ciclos, el de la raza humana desplomándose con una muy poco amable explicación de que su desaparición paulatina se da a cada instante, que aunque se piense lejana, viaja de la mano con la de los hombres desde el inicio de sus tiempos, y que tarde o temprano ha de llegar abrasadora y fulminante.

Qué irónica es la imaginación de algunos hombres, estamos a un año para que comience el fin de nuestra existencia, dentro de poco tiempo, augura la ciencia ficción, se consumará el nacimiento del último ser humano sobre la tierra, sólo una esperanza lejana y endeble queda y ha de habitar en el centro del océano en una pequeña embarcación llamada "Mañana", aunque el hombre ya no exista más y el futuro sea cosa del pasado.

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