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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

La ventana indiscreta

La ventana indiscreta

Krzysztof Kieslowski: El Decálogo

Por: Eridania González Treviño

"Amarás a Dios sobre todas las cosas"

Krzysztof Kieslowski nace en Varsovia en 1941. Es uno de los más excelentes creadores de cine arte, cuyo trabajo se caracteriza por su metafórica argumentación y quizás su doble discurso. Director y guionista prolífico muere joven, dejando inconcluso un escrito para cine por demás prometedor, basado en La divina comedia de Dante Alighieri.

A pesar de su temprano deceso, Kieslowski lega a la humanidad una serie de cortos y largometrajes de suntuosa complejidad y profunda significación. Entre sus filmes más socorridos y estudiados en nuestro país se encuentran Tres colores (1993-1994), La doble vida de Verónica (1991), El Decálogo (1988), éste conformado de diez películas de mediana duración y basado en el decálogo de mano cristiana, hecho en un inicio como una miniserie televisiva.

Este y nueve artículos más de la sección de la que hago uso estarán dedicados al perfecto trabajo kieslowskiano referentes a los conocidos diez mandamientos, cuya lectura interpretativa personal carece de cualquier afecto hacia la religión, intenta ser objetivo y basado exclusivamente en el contenido cinematográfico.

El primer mandamiento del decálogo, "Amarás a Dios sobre todas la cosas", da la pauta a la sencillez escenográfica y a la reiteración de espacios. En Kieslowski la exuberancia de elementos escénicos no es una característica, tampoco lo son los movimientos novedosos de cámara, pero sí el discurso y su enunciación desde la visión de su intérprete ofrecida a la libre abstracción del espectador.

"Amarás a Dios…" es en sí una orden, una regla que debe de seguirse sin chistar, de no hacerlo, la oración misma presupone un castigo. Kieslowski enfrenta la trasgresión a un mandato que se sabe divino con su enemigo más acérrimo: la razón en su máxima expresión.

Las matemáticas, que todo lo miden y se presumen exactas, representan aquel antagonista eterno de la fe ciega. La ciencia, sobre todo ésta que exige puntualidad, fue el mejor ejemplo de Kieslowski para negar la imprecisión, lo superfluo y no palpable.

El terrible enfrentamiento entre la fe y la ciencia son colocadas en personajes unidos mas allá del argumento: un padre y su infante hijo. El primero, ferviente creyente de lo medible y, el segundo, un nato agnóstico que lo es por circunstancias de aprendizaje en ciencia y en la vida, ésta, casi siempre extraña y engañosa, no se detiene a dar explicación alguna de su existencia.

Así, el científico "jamás" duda, tampoco lo hace el fiel creyente de lo divino. Sin embargo, mientras la ciencia exige pruebas materiales de existencia, o en otras palabras, concluye su trabajo con la comprobación, la fe se conforma con la palabra dada.

Lo inexplicable existe para la ciencia y para la fe, pero ésta, según la inequívoca lectura de Kieslowski, toma los elementos desconocidos para explicarse a sí misma, de esta manera justifica su existencia y evita el colapso emocional del hombre ante un infinito desconocimiento de la verdad.

La pregunta que ha puesto en jaque a ambos antagonistas desde la evolución del hombre, y que es el motivo del desarrollo del argumento, la formula el más pequeño, el niño: ¿qué es la muerte? Cuestiona a su padre. La respuesta es sencilla desde el punto de vista científico. Los hombres somos seres orgánicos que nacemos nos desarrollamos y morimos. Pero, tal y como lo establece el pequeño, ¿qué sentido tiene atinar desde el razonamiento a todas la cuestiones de cálculo si al final sólo morimos, y nuestra presencia se extiende en la memoria de los vivos?

Para el científico ortodoxo la existencia del alma es totalmente cuestionable, incluso es innecesaria su mención, ya que no se pude tocar, no se palpa ni se ve. Este ente evaporable, desconocido, pero para muchos cierto, supera aun a la ciencia, porque ésta, ante la inconstante y sorpresiva vida, tampoco es exacta y carece de la verdad absoluta.

Por otro lado, la pregunta acerca del significado de la muerte lleva inevitablemente a interrogar por el de Dios. ¿Quién es Dios? Cuestionamiento concreto que genera respuestas vagas e imprecisas. Sin embargo, el fiel a estas creencias no se dificulta y responde sin miramientos dándole el significado a esta palabra de el sentimiento de mayor bienestar surgido de los más profundo del "alma".

Para el que cree en Dios y para el que no, la muerte se percibe de diferente manera. Todos hemos visto pasar la muerte a lo lejos, pero cuando toca nuestra puerta, la Razón y Dios pueden defraudarnos en un parpadeo, porque ni una ni el otro pueden explicar lo inesperado, porque la vida no se pude medir, rompe cualquier regla, y porque la muerte nadie nos la manda, camina cada paso que damos y sólo nos toma de la mano.

Explicar la muerte a partir de la razón es aventurado, y explicarla desde la religión es conformista. "Amarás a Dios sobre todas las cosas" ya no es un mandato cuya desobediencia implica un castigo divino, es la propuesta de negar la posibilidad del absoluto. Es la intención de notar el más allá, aunque se alcance a ver, y que el todo es nada y que cualquier cosa puede pasar.

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