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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Silencios Estereofónicos

Silencios Estereofónicos

 

Histórico y memorable concierto de Andrés Calamaro en el Auditorio Nacional

Por: Félix Morriña

Para cuando ustedes seguidores y conocedores de la obra musical del cantautor argentino Andrés Calamaro estén leyendo esta columna, seguro ya hicieron lo propio con los demás medios impresos y electrónicos sobre el conciertazo que ofreció en el Auditorio Nacional este pilar de la música del rock en la lengua de Cervantes. ¿Qué más puedo decirles que no hayan ya consultado, leído e incluso reseñado mentalmente por ustedes mismos? Bueno, más allá de mi compromiso periodístico con los lectores de este espacio, debo confesar mi beneplácito por reseñarles a todos los que no pudieron estar presentes la histórica noche del lunes 13 de octubre en el recinto de Reforma y Campo Marte de la capital del país.

¿Por qué histórico el concierto de Andrés Calamaro? Porque tuvimos que esperar casi tres décadas para verlo por vez primera en concierto en México. Como muchos saben, Andrés Calamaro tiene más de cinco lustros de experimentada, atropellada (por los excesos con la cocaína y el alcohol), exitosa, pero sobre todo concluyente e incluyente carrera artística, por lo que es considerado, al lado de Luis Alberto Espinetta, Pedro Aznar, Mercedes Sosa y Charly García, entre otros iconos culturales del Cono Sur, una de las más importantes figuras de la música contemporánea en habla hispana.

También histórico porque el autor de ‘El salmón’, ‘Estadio Azteca’, ‘Tuyo siempre’, ‘Te quiero igual’, ‘Alta suciedad’, ‘Sin documentos’, ‘Paloma’, ‘Me arde’ y ‘Flaca’, entre otras canciones que fueron interpretadas en poco más de dos horas esa noche de luna llena, se entregó íntegramente, canción a cancón, a un ansioso y eufórico público que abarrotó uno de los mejores lugares para conciertos de América Latina. Sin exagerar, pocas veces he tenido la oportunidad de ver una entrega como la de Calamaro en estas dos décadas de servicio periodístico.

Es más, cuando estuve en el Festival Cosquín Rock en Córdoba, Argentina, en el año 2002, donde estuvo como invitado especial Calamaro (sin actuar, porque no estaba programado), pensé que no iba a ver una entrega igual como la que ofrecieron de manera independiente Pappo Blues, Bersuit Vergarabat, Fito Páez, Charly García y demás agrupaciones representativas del rock argentino, pero me equivoqué, porque el debut escénico de Calamaro con los mexicanos dejó atrás esa premisa y qué bueno, porque siempre este interlocutor como el público exigente desea ser sorprendido una y otra vez por las grandes figuras.

Las 10 mil personas que estábamos presentes en el Auditorio Nacional quedamos afónicos y exhaustos porque no dejamos de cantar, brincar, hacer olas, corear, gambetear, bailar tangos rockeros, además de ser parte de la mejor hinchada pambolera existente en ese recinto-estadio para ver a un equipo de músico jugadores rockeros campeones del mundo. Sí, en eso se convirtió el concierto de Andrés Calamaro y compañía, en un encuentro festivo masivo musical con tintes tangueros, rockeros y pamboleros.

¿Que quién ganó en este encuentro? Todos. Andrés, sintiéndose Cristóbal Colón, un día después de celebrar el Encuentro de Dos Mundos (o el Día de la Raza, como ustedes deseen), besó suelo mexicano en el entarimado del Auditorio Nacional, como una manera de agradecer a México la espera, por conocer su música sin la necesidad de promoción personal, porque como sabrán, ni él mismo sabía de su fama en Tierra Azteca e incluso declaró en las entrevistas que tenía miedo de subir a ese escenario donde han actuado infinidad de artistas de su nivel. Hasta bromeó con meterse una rayas de más de ese polvo que por poco le deja sin cerebro años atrás, para no caerse de la emoción.

¿Coincidencias? Podría ser, pero sabiendo de la pesada maquinaria que hay detrás de un artista como Calamaro, pocas cosas se dejan a la improvisación. El hecho de que haya besado el piso del entarimado tiene que ver con otras cosas, además de lo anteriormente dicho. Primero, Andrés Calamaro decidió hacer su carrera artística en España, después de que en Argentina ya era una figura con la agrupación Los Abuelos de la Nada. Entonces, coincidir con la fecha del Día de la Raza fue una buena acción de su parte. Segundo, tanto él como el público se merecían un concierto con lo mejor de su trayectoria musical, lográndolo cabalmente, aunque debo señalar que algunas piezas sonaron demasiado rockeras cuando debieron ser ejecutadas más con el teclado para escucharse como originalmente están grabadas en los discos. Finalmente, eso importa poco.

Calamaro trae consigo a músicos contundentemente rockeros, al grado de traer consigo una playera con imágenes de leyendas del género bien justificadas, como Hendrix en el caso del seis cuerdas Julián; Velvet Underground, en el caso del baterista José "El Niño" Bruno (por cierto integrante de la banda ibérica punk Def Con Dos) y la playera del Festival Rockola por parte del bajista Candy Caramelo, quien ha actuado al lado del mítico Miguel Ríos. El resto de los músicos que le acompañan son el tecladista Tito Dávila, fundador de Los Enanitos Verdes, y los guitarristas Diego García y Genaro Caramelo.

Cómo no iba a sonar rockero si trae tres guitarristas, un bajista, un bataco y un tecladista. Seis músicos de gran nivel, algunos de ellos ya habían estado en México y seguro le recomendaron un set conformado por 26 temas, tanto viejos como nuevos (del disco del 2007 "Lengua popular", de los que interpretó ‘Los chicos’, ‘Mi gin tonic’, ‘Carnaval de Brasil’ y ‘5 minutos más-mini bar’), estructurados para concierto masivo. Por cierto, las pantallas utilizadas (dos al costado, más un panel al fondo del escenario) daban esa impresión, aunado a un cuidadoso sistema de iluminación. El audio por momentos no satisfacía a este interlocutor, pero fue superado conforme pasaban los minutos.

Como era de esperarse, Calamaro utilizó una playera con la imagen del Caudillo del Sur, Emiliano Zapata y su ¡Viva México, cabrones! Un cliché muy manoseado, pero también muy aceptable para alguien que no había estado en México en concierto. Entre los presentes estaban sus parientes de segundo grado, el pianista y compositor Guillermo Briseño y la cantante Hebe Rosell, a quienes mandó saludos. Otra de las cosas que se esperaban hiciera el fundador de Los Rodríguez fueron los discretísimos homenajes a sus grandes influencias entre rola y rola, como fue a Elvis Presley, Bob Marley y Lou Reed. En la canción ‘Mujer mundial’, Calamaro nos recordó a Benny Moré con esa musicalidad caribeña y por la parte rockera a Gary Moore, al grado de que podemos decir que en esa pieza en especial estábamos escuchando a Gary Moré y Benny Moore.

En ‘Te quiero igual’ terminó fusionándola con ‘No Woman No Cry’ de Bob Marley. Una maravilla. Para algunos de los presentes, Andrés Calamaro puede ser el peor de los cantantes de tango y boleros (así lo llegaron a comentar), pero su estilo convence a miles y cientos de miles en el mundo conocen a estos dos grandes géneros musicales, gracias al argentino-español.

¿Se me escapó algo, mi exigente lector? Estoy a tus órdenes en el siguiente correo electrónico:

 

fmorrina@yahoo.com.mx.

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