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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Las razones del diablo

El caos

Por: Dionicio Munguía J.

Dentro de poco sabremos si la capacidad de los cineastas mexicanos ha llegado ya a los niveles que de ellos se espera. Por un lado, González Iñárritu, con Babel, se instala por primera vez dentro de las nominaciones del Oscar con un total de siete, cosa nunca antes lograda por una película mexicana, entre las que destacan la de mejor película, mejor director y mejores actrices de reparto. Muy pocas veces o ninguna, una película dirigida por un mexicano había sido tan nominada en esta fiesta del cine norteamericano.

Guillermo del Toro, con El laberinto del Fauno, se enfrenta por séptima ocasión a la nominación para mejor película extranjera, aunque esta ocasión es más factible que lo gane que las seis anteriores nominaciones, aunque existan un par de películas, al menos una, que es un clásico dentro del cine mexicano. Me refiero por supuesto a la primer película que fue nominada para un Oscar: Macario, con la actuación de Ignacio López Tarso. Y la otra película a la que me refiero es más reciente: El crimen del padre Amaro.

Dos directores, dos visiones del cine, lejos de la folclórica visión que en los años de la época de oro del cine nacional se tenía. Es cierto que existe un modelo a seguir, que según los acérrimos críticos que viven de las glorias pasadas, es sólo la visión hollywoodense del cine, sin la idiosincrasia que revestía las películas del siglo pasado. Tenemos que aceptar que aquella fue una época crucial para el desarrollo del cine en México. Que sin esos directores, actores y actrices, fotógrafos y guionistas, no tendríamos el cine que tenemos, aunque éste no sea mucho.

Pero eso quedó en el pasado. La actualidad en González Iñárritu, Del Toro, Cuarón y algunos más que surgen y surgirán en algunos años. Que si Babel no gana este año un Oscar importante, es factible que en unos años más la industria norteamericana del cine se tenga que rendir ante el empuje de los latinos no criados en Estados Unidos, no forjados en sus escuelas de cine o universidades, sino formados es nuestros países con una visión diferente, con un empuje que va más allá del simple desarrollo de un tema, para adentrarse a una complejidad, como lo es Babel, o una fantasía impresionante como la película de Guillermo del Toro. Por primera vez en muchos años seguiré con atención una ceremonia en donde se le ha quitado la libertad de expresión, tan famosa en gringolandia, pero que Míster Bush ha decidido que es peligrosa.

De verdad tengo muchos años sin ver, ni por casualidad, la entrega de los oscares, pero este año, sólo por Alejandro González Iñárritu y Guillermo del Toro lo haré. Y cruzaré los dedos para que, por primera vez en la historia del cine en México sean dos o tres o cuatro o cinco o los que sean, los oscares que se traigan para acá. Suerte.

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