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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Este atractivo patán

Naturaleza en una charola

Por: Édgar León Meléndez

 

Si no siguen un auténtico camino hasta el final,

una pequeña maldad al principio

se convierte en una gran perversión.

Miyamoto Musashi, Los cinco anillos del Bushido

 

Naturaleza en una charola, esto es lo que significa la palabra "bonsái", ese árbol a escala que identificamos como parte de la cultura japonesa, aunque tengo entendido que pertenece a la gran mayoría de Oriente.

El bonsái es un arte, el artista juega un poco a ser dios, pero ¿cuando no se hace así?. En este caso, uno mismo se convierte en clima y tiempo, se trata de ensalzar la belleza natural poniendo de nuestra parte, creando una armonía entre el conjunto de edad y diseño. Y con edad me refiero a la edad del árbol a trabajar, no la tuya, por que sé de algunos cuantos que pondrán el grito en el cielo si creen que es lo contrario. En mi caso tengo la edad y el diseño, pero no soy un bonsái, qué se le va a hacer, como quiera que sea, entre hermosos nos reconocemos.

Entre China y Japón hay ciertas diferencias para cada bonsái, básicamente se encuentran en el decorado, mientras que en China los recipientes son de un decorado harto ornamentado, en Japón el minimalismo hace resaltar la bellaza del árbol, sí, del mismo modo que las características propias de la cultura en cuestión. Sin embargo, en ambos casos el árbol es el centro de atención.

Bien, esta parte se me escapa un poco, pero veamos si puedo apoyarme en mis conocimientos de imagen para alimentar estas descripciones: algunos artistas gustan de usar las diagonales en los árboles, ese equilibrio que se recarga en la raíz hacia un lado y termina en las ramificaciones que se abalanzan hacia el lado contrario, puede que generar este equilibrio demande un trabajo constante sobre la poda de las ramas, toda vez que las ramas más nuevas, son las que se encuentran más arriba, en la copa del individuo y estas ramas son por lo general, más delgadas así que puede desequilibrar. De manera que es al escultor a quien toca forjar las ramas en pos de un resultado estético, sacando provecho de los sharis, nombre que se les da a las erosiones en el tronco, así como las jin, adjetivo para las ramas sin corteza y muertas, éstas permiten representar la edad del sujeto.

Valiéndose de herramientas y utensilios simples, como alicatas, alambres, agua o luz, el artista domina sobre la naturaleza en este pequeño espacio.

Sin embargo, encontrar la forma oculta en el árbol, puede ser más complejo cuando de un yamador se trata, éste es un árbol de montaña, mejor entendido como árbol en recuperación, estos bonsáis naturales fueron creados por la naturaleza, y recuperados por el artista, con un par de ajustes, el árbol se vuelve una obra de arte.

Con un agradecimiento a Felipe González López por su plática sobre estos sujetos, el cual, por ahí se corre el rumor de que va a ofrecer algunos talleres para todo aquel que quiera dejar de podar el césped con borregos para ahorrarse el jardinero y de paso hacer bien, sólo me resta hacer notar que el día de hoy me porté bien, al escribir mi columna. Se dieron cuenta ¿cierto? Sé que esperaban de mí una expresión como, el que nace para maceta o árbol que nace torcido, pero créanme que esto es una belleza de trabajo y merece el respeto necesario, incluso de mi parte, Bueno, también fue un homenaje minimalista a Lao Tse, "El Tao que puede ser expresado, no es el verdadero Tao" para ponerlo en palabras occidentales: "Describirse a uno mismo es como tratar de morderse los propios dientes", George Bernard Shaw.

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