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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Las razones del diablo

La nostalgia

Dionicio Munguía J.

Siempre hay momentos en que la nostalgia arremete contra el ser humano. Momentos en que recuperan sentidos, aromas, colores, sonidos de una ciudad lejana en la memoria. En ocasiones controlamos a la nostalgia para que no nos haga mucho daño. Acunamos tiernamente los recuerdos, los hacemos bolita y los dejamos caer por la ventana del autobús que nos lleva al trabajo, a la casa o simplemente al único sitio donde se puede tomar un buen café sin recordar tiempos pasados. Lo malo, y de eso no nos damos cuenta, los recuerdos persisten como pelusa flotando y nos persiguen hasta el final del camino.
En estos días, como en muchos, me ha perseguido mi nostalgia. No es una, lo sé, son muchas las que siguen mis huellas, las que se adentran en mis huesos viejos y se lanzan constantes a mis manos, se escurren por los dedos y se aposentan en la hoja de papel que a veces, sólo a veces, me sirve como lagrimal estúpido. Y yo, simple mortal con depresiones constantes, me dejo llevar por ellas, me acomodo lo mejor que puedo a su lado y aguardo, sin desesperanza, a que terminen el desfile de imágenes que en muchas ocasiones no son plenamente identificadas. Así sucede conmigo, y no sé si con alguien más.
Pero no siempre sucede que la nostalgia, o las nostalgias que me invaden constantemente, sea simple y llana, vulgar y prosaica; en ocasiones es más compleja, variada, con rulos temporales que van más allá de una simple curva en el tiempo. Y me hace recordar, por ejemplo, a H.G. Wells, creador de la ciencia ficción, con su Máquina del tiempo. E imagino mis dedos poniendo fechas precisas para llegar al fondo de un instante en la vida. No siempre respondo como respondió el personaje de la película que en español titularon La milla de los milagros, cuando se pregunta a quién se debe salvar del desastre nuclear. No busco salvar a nadie, ni siquiera a mí mismo, pero trataría de corregir algunos momentos de la historia. ¿Cuáles? Ahorita no importa.
Importa más tener la conciencia de los años, el paso del tiempo que ilumina los rostros y deja huellas indelebles en las hojas que usamos para escribir. Importa más ser consciente de la vida, y acomodar las nostalgias acorde a su importancia, porque a veces no son tan importantes como pensamos.
También la nostalgia arremete con fuerza en los sentimientos y se acurruca a un lado de la taza de café que me mira silenciosa a un lado de la mesa donde escribo. Y ahora pienso en las demás, mínimas, salvajes, que hurgan en mis dedos aplanados con la misma sensación del cosquilleo que preludia a un instante memorable. Ojalá y así sea.
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1 comentario

Andres Aguilar -

En la nostalgia del aire, posiblemente allí se encuentre el aroma del café, en los pasos antes de caer de un escalón, tal ves en el parabrisas en un auto que recorre una calle lluviosa y sin rumbo alguno, solo siguiendo la noche y deteteniéndose en cada semáforo, como esperando a que pase con sus caderas imponentes la muerte. un saludo Dionisio
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