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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Escaramuza

Escaramuza Elefantitos Rosas. Las reglas no escritas del muralismo contemporáneo.

Por: Polo Castellanos

¡2 de octubre no se olvida!

El muralismo mexicano a lo largo de su historia ha sufrido una serie de traspiés, sobre todo a partir de la llamada "ruptura" que cayó como anillo al dedo al Estado mexicano para poder deshacerse de una vez por todas de los discursos revolucionarios y contestatarios que planteaba la pintura mural. Pese a este tropiezo, el muralismo de una u otra forma sobrevivió incluso actuando desde la clandestinidad. Hoy, el muralismo mexicano se enfrenta a varios retos, algunos de ellos siguen siendo los mismos del pasado: la censura y los presupuestos. Sin embargo, se han abierto nuevos caminos que el mismo muralismo y los artistas han conseguido como parte de su proceso creativo y evolutivo natural.

Pero la censura sigue siendo el parteaguas más duro que enfrenta el muralismo contemporáneo. La falta de cultura, de visión y educación de parte de las autoridades que, influenciadas por pseudo especialistas y las mentes más retrógradas que insisten que el muralismo está muerto y fuera de contexto y que los recursos deben destinarse hacia el desarrollo de las nuevas "vanguardias" artísticas, mismas que como siempre, en nuestro inherente malinchismo, importamos de otros países, dan como resultado que una de las manifestaciones artísticas endémicas de nuestro país y de las más importantes en el mundo, no encuentren un cauce y un desarrollo digno.

El muralismo mexicano se debate, sí, pero se debate con artistas de otros países, se debate entre las autoridades culturales y los "especialistas" pero no con los muralistas mexicanos. Se debate sobre el discurso que debe tener el muralismo porque el "político-social está fuera de contexto" en estos tiempos neoliberales. Oídos sordos y visiones muy cortas, cuando hemos demostrado que el muralismo no sólo está vigente sino que además tiene una demanda y es necesario.

Pero el muralismo, incluso para los gobiernos de izquierda, quienes lo aplauden y se han apoyado históricamente en los artistas, les resulta molesto. No tenemos una cultura de la obra pública; hemos perdido obligadamente la conexión entre el pueblo y sus artistas, entre el discurso y la realidad. Los gobiernos en su demagogia aclaman el muralismo; es más: cada vez que pueden citan al muralismo mexicano como el orgullo nacional. Lo cierto es que la obra pública no está contemplada en ningún proyecto cultural, ni en ninguna partida presupuestal de los gobiernos municipales, locales o federales, cualquiera que sea su ideología o su discurso.

Así, desde el resurgimiento del nuevo Santo Oficio en el año 2000 ahora vestido con su sotana blanquiazul de tintes tricolores, y hasta la versión posmoderna de las tribus aztecas, hoy uniformadas de amarillosácamelosojos, el muralismo sigue siendo una incomodidad. Sea por ignorancia, sea porque no hay presupuesto "para eso", pero básicamente por ideología.

Los primeros temen que el muralismo sea emancipador y que el pueblo, en todas sus versiones, se salga del gallinero. Los segundos, porque temen que la realidad y las contradicciones del sistema queden plasmados para la posteridad en los muros de la Nación que tanto unos como otros pretenden dirigir. Incluso los gobiernos, artífices de algunos artistas que mueven la cola según cae la morralla dentro del sombrero, argumentan a través de ellos que no debemos pintar cosas violentas "…por nuestros niños, ¿no?" "… hay que pintar florecitas, ¿sale? Propuestas".

¡Pero claro! ¿Por qué no? Pintemos florecitas mientras nos ¡matan de hambre! Es más, pintemos elefantitos rosas para nuestros niños que viven asolados por el ejército mexicano y los helicópteros black hawk de los GAFES en el sudeste mexicano y las zonas zapatistas; hablemos de democracia en el país del robo, la injusticia y la persecución. En pocas palabras, finjamos que aquí no pasa nada y escondamos la verdad sobre la realidad bajo la alfombra, ¿o es que también la realidad va a ser espuria?

De todo esto podemos deducir fácilmente las reglas no escritas por el Estado para pintar un mural narrativo. Pero antes que nada, ahora que vamos a festejar el bicentenario de la independencia, hay que borrar cualquier obra monumental que haga referencia al legendario "Pipila", no importa que sea el representante de aquella lucha popular, y aunque existan muchas Alóndigas que quemar, "no existe y punto".

Primera regla: "No se valen ni mentadas de madre, ni ofensas a Dios, ni ponerle paliacates a los santos, ni a la Virgen de Guadalupe (La Comandanta Lupita), porque se ofenden las ‘Damas de la Vela Perpetua’, el Opus Dei y el Santo Oficio, como ha quedado demostrado en reiteradas ocasiones."

Segunda regla: "Estrictamente prohibido pintar la realidad social que vive el país; es una cosa pasajera y después no se verá bien. Además aquí no hay represión ni desapariciones forzadas, ni presos políticos, ni periodistas muertos, ni miseria, ni hambre. Eso es mero surrealismo creado por las mentes más torcidas y enfermas de los pobres, los artistas, los intelectuales, los guerrilleros y ahora también por los terroristas".

Tercera regla: "Queda también estrictamente prohibido pintar al pueblo levantado en armas con mantas que digan ‘¡el pueblo unido, jamás será vencido!’ y menos empuñando ‘Cuernos de Chivo’ o ‘artefactos explosivos activados con celular’; se vale pintar palos, piedras y hasta resorteras, no más".

Cuarta regla: "Jamás se debe alterar el Lábaro patrio. El águila siempre debe de estar como encaramada al nopal, nunca con las alas extendidas hacia arriba y mucho menos volteando altiva a su izquierda".

Quinta regla: "Se pueden pintar ‘inditos’ y todas las garambainas folklóricas que se les pueda ocurrir, porque son parte de nuestras raíces y hay que respetar, con sus vestimentas tradicionales, de preferencia que tengan cara de oprimidos y como pidiendo clemencia. Siempre en la parte de debajo de los murales, sin pasamontañas y nunca levantados en armas".

Sexta regla: "Los muralistas no podrán cobrar lo que vale su trabajo. El gobierno y sus usureros decidirán cuál es el monto que los artistas deben de recibir".

Última regla: "Se pueden pintar casitas de dos aguas con chimenea, florecitas, animalitos de muchos colores, arcoiris, juegos infantiles y por supuesto elefantitos". Claro, para que nuestros niños sigan pensando que los elefantitos rosas son bonitos siempre y cuando no interfieran con los planes del terrorismo de Estado.

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