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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Las razones del diablo

Las razones del diablo

Para empezar el año

Por: Dionicio Munguía J.

Hace unos días vi por televisión una noticia que me llenó de nostalgia e hizo que mis sentimientos afloraran de manera tempestuosa, es decir, lloré. ¿Y por qué lo hice? Durante una etapa considerable de mi juventud creadora tuve a mi lado la música de uno de los grupos mexicanos más reconocidos en el ambiente, que tuvieron mucha influencia en el blues y establecieron un culto que hasta la fecha sigue existiendo, a pesar de los años y de las costumbres mediáticas que nos ha tocado vivir.

Me refiero, por supuesto, a Real de Catorce, grupo que tuvo mucho que ver con mi acercamiento a la música blusera mexicana y que ahora sigue por ahí, después de tantos años, llenando salas donde se presentan, acarreando a un grupo de nostálgicos (como yo) y vendiendo la misma cantidad de discos cada año sin ser iconos del canal de las estrellas ni de la mariposa azteca. Real, el Real, como le decíamos en aquellos años, ha sobrevivido a miles de circunstancias extrañas y peor aún, a situaciones como la que le sucede a José Cruz, el Pepe, guitarrista y cantante del grupo por muchos años, y que ahora se encuentra postrado en cama, aunque no frustrado ni inutilizado, por la distrofia muscular.

Fue verdaderamente impactante encontrarme con esa imagen por televisión. No esperé que uno de los cantantes más carismáticos que he conocido se encontrara en tal situación, y mucho menos que tuviera la fuerza suficiente para sobreponerse y seguir en la música a pesar de las limitaciones que tiene por su enfermedad. Sí, es de admirarlo, de sentir un amor especial, de escuchar los viejos discos del Real de Catorce y escuchar su voz a plenitud, sin ese leve tartamudeo que ahora tiene y que, definitivamente, no importa en este momento de su vida. Alguna vez estuvimos platicando en la ciudad de Querétaro, cuando el papá de Iglesias, el otro guitarrista del grupo, vivía en la ciudad y asistía a los talleres literarios del Centro Queretano de Escritores.

Alguna vez estuvimos discutiendo sobre imágenes y metáforas, sobre posibilidades del blues en México, a pesar de que no era algo novedoso y que existían grupos y cantantes símbolos como Javier Bátiz, que a pesar de los años y los desaires, insistían en continuar con el camino del blues, de pegar con blues a todos los escuchas, de seguir bluseando en lugares inhóspitos y poco reconfortantes. Verlo así, a Pepe Cruz, en silla de ruedas, con la guitarra en la mano, tocando, fue gratificante y fue el incentivo para escribir esta primera nota del año.

Ojalá y todos fuéramos así, con el coraje suficiente para levantarnos de los golpes y continuar en la brega, con la pasión del arte, en este caso de la música, con las ganas de vivir y ser parte de esta humanidad tan desgastada y adolorida.

Ni modo, Benazir Buttho, para mí fue más importante la visión de Pepe Cruz que tu muerte. Para mí fue más necesario recordar a este músico mexicano que toda tu vida peleando por la democracia. Sin embargo, no puedo dejar de recordarte.

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