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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Las amenazas contra la libertad de creación no son políticas ni ideológicas, son económicas: Rascón Banda

Segunda y última parte

Blanca Ocampo / Toluca

Víctor Hugo Rascón Banda compartió reflexiones en torno a cultura, democracia y soberanía en el auditorio del Museo de Arte Moderno del Centro Cultural Mexiquense, en el mediodía del pasado viernes ante un público nutrido y la ausencia del director del Instituto Mexiquense de Cultura. He aquí la última parte de estas reflexiones.
Luego de afirmar que cultura y democracia se condicionan mutuamente y que ésta última no puede ser entendida exclusivamente como procesos electorales, el presidente de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM), habló sobre la realidad actual y sus implicaciones.
Mencionó que el nuevo escenario mundial, marcado por profundas transformaciones y obstáculos para el desarrollo, plantea ahora diferentes retos en todos los ámbitos: “En este siglo, el reto de la pobreza, la desigualdad social, es un desafío para la humanidad”.
Agregó que el desarrollo cultural guarda íntima relación con la defensa de la soberanía y que México es el valuarte de la soberanía latinoamericana: “Gracias a México que ha preservado su lengua en español, su cine, sus artes, su música, su danza, sus tradiciones, su forma de ser, Estados Unidos no ha avasallado a América Latina, somos el dique en la frontera norte, en Ciudad Juárez, para que no desaparezca nuestra forma de ser”.
Consideró que la cultura es un elemento fundamental para la evolución de los individuos, pues: “Una sociedad permeada por la cultura es una sociedad mejor preparada para la convivencia civilizada con otras ideologías, para la tolerancia ideológica”.
Resaltó entonces el aspecto de la identidad que tanto ha sido afectada por la idea de la aldea global, en menos cabo de valores culturales que definen de manera distinta a las sociedades:”La cultura opera como una función integradora de todos los valores humanos, es el primer principio de la integridad social, es el que da sentido a la identidad. Es precisamente la actividad que llevan a cabo los autores lo que hace diferente la cultura de uno y otro pueblo (…) por eso la actividad creadora es la base de la cultura de la sociedad y en gran medida determina la dinámica de su evolución”.
De ahí, consideró la importancia del compromiso social de los creadores, al contrario de lo que dijera Octavio Paz, secundado por García Márquez, Vargas Llosa y todos los del boom latinoamericano de los años 70, acerca de que el compromiso es con su escritura, con su oficio, con su vocación: “Yo creo que ese concepto ha cambiado porque el mundo es cada vez más desigual, hay un compromiso del escritor, del creador, del pintor, del compositor, del coreógrafo con su sociedad, y ésta debiera ser la revolución, no para irse de candidato y participar en las elecciones para alcalde, gobernador o presidente, no en ese sentido; sí para ser un voz moral”.
Al considerar que el artista en general está dotado de una hipersensiblidad que lo lleva a recoger del alma colectiva los sueños, las esperanzas, las frustraciones, las pesadillas e interpretarlas en su creación, Rascón Banda afirmó que es de suma importancia se alce la voz moral de los creadores ante las injusticias sociales, la represión, las dictaduras y la censura: “Los artistas son los primeros en firmar desplegados, salir a la calle y protestar cuando algo no está bien en la sociedad. Por eso el intelectual, el creador, tiene que mantenerse a distancia del poder; debe estar frente al poder, no junto al poder porque pierde su capacidad crítica”.
Aunque no descartó la tarea impecable de intelectuales dentro de las instituciones, y citó los casos en México de Carlos Bodet, Agustín Yánez, José Vasconcelos y Justo Sierra; mientras que en el plano internacional a Checoslovaquia, donde lleva 10 años gobernando un dramaturgo.
“Entonces sí es posible que un creador no sea un loco, un bohemio, un adicto y sí pueda tener la sensatez incluso para gobernar un país”, afirmó Rascón Banda comentando que existen también casos en África y la India.
Definió a los artistas e intelectuales como la conciencia de la sociedad, de ahí que considere atinada la presencia de estos en los medio electrónicos de comunicación, tal es el caso de Carlos Montemayor, Elena Poniatovska, Carlos Monsiváis y tantos otros del Colegio de México.
Aunque haya otros a quienes no pueda considerárseles así debido a su filiación conservadora: “También hay intelectuales de derecha, conservadores que simpatizan con idearios y principios neoliberales de la economía; como Enrique Crauze que lo tienen por intelectual. Es un gran hombre en el sentido de que publica libros, revistas, investigaciones y tiene programas de televisión; pero su ideología es completamente conservadora y de derecha y, bueno, el artista siempre va hacia delante, de lado del pueblo”.
Sobre esto, reconoció que hay excepciones contadas de creadores que se suman a las fuerzas recalcitrantes, teniendo como costo la condena histórica: “Ha habido 3 grandes personajes de derecha y no se les ha perdonado todavía. Por qué no ganó el premio Nobel Jorge Luis Borges, porque en la dictadura de Pinochet, cuando murieron miles y miles de estudiantes y personas, él jamás condenó la dictadura en Argentina ni en el país vecino de Chile. En España Dalí, el gran pintor y Camilo José Cela eran hombres identificados con el franquismo y eran grandes creadores, pero son excepciones. Fuera de estos casos extraños, el creador siempre está identificado con la mayoría y con la libertad”.
Otro tema que le preocupa a Rascón Banda y que está relacionado con la soberanía, la democracia y, por supuesto, con la cultura, es la muerte de las lenguas. Mencionó que actualmente existen 5 mil lenguas en el mundo, pero que de acuerdo a los pronósticos, la mitad habrá muerto en los próximos 100 años gracias a la dominación económica y, por tanto ideológica y cultural que ha provocado en neoliberalismo y la globalización.
Consideró que las lenguas son creaciones del espíritu humano y que defenderlas contra la dominación de una sola es más que defender nuestras culturas, es defender nuestra vida: “El inglés, eso que todo el mundo debemos aprender para estar al día con la globalización, es una amenaza de muerte que existe sobre las lenguas”.
 


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