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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Las razones del diablo

Música para deleitarse

Dionicio Munguía J.

Escucho con pasión la Quinta Sinfonía de Mahler. Sinfonía que le pone a quien la escucha la piel de gallina. Música que alienta la creatividad e implica una sensibilización suficiente que llega a los sentidos por todos los poros del cuerpo, no sólo por los oídos. Es fascinante. Impresionante. Increíble. Una recomendación necesaria y obligatoria.

Dentro de los talleres literarios que suelo dirigir, la música tiene un papel primordial. Es obligatorio escucharla, de cualquier tipo, pero sobretodo, aquella que incita a los sentidos para lograr un estado de ánimo propicio que puede llevar a la literatura. Siempre les digo a quienes asisten a mis talleres, que la música va ligada con la literatura por el ritmo y la musicalidad que otorga a las palabras. Y es tan sutil escucharla, que se transforma en un elemento obligado en quien escribe. Elemento que se incluye en versos y párrafos, en cuartillas y libros.

Existen grandes obras que utilizan la música como ambiente o están particularmente insertas en una obra musical. Mahler, por ejemplo, es un elemento irremplazable en la película de Luchino Visconti, Muerte en Venecia, basada en un libro homónimo de Thomas Mann. Y piezas de Wagner, Debussy, Alban Berg y otros tienen participación importante tanto en la literatura como en el cine. Obviamente esto no es simple mercadotecnia, sino la necesidad de unir el arte con el arte, de fundir las notas musicales con las palabras.

Como elemento primordial de los talleres literarios, la música debe ser incluida, sino como parte de un ejercicio de sensibilización, sí como acompañamiento en una sesión de taller, que por demás está decirlo, se transforma en un silencio de catacumbas donde sólo la voz del coordinador se escucha. En este sentido, la música debe acompañar la lectura de los trabajos presentados y, cuando así lo requiera, ser ejemplo de cómo debe ser el ritmo de un poema; al menos eso es lo que creo y realizo normalmente en los talleres.

La música es fundamental para escribir bien. Se deben tomar elementos de ritmo, tiempo y transición, que es común en las obras musicales, y llevarlos a la palabra escrita. Es mucho más impactante un silencio bien logrado que un sinfín de signos ortográficos. Cuando en un poema se usan estos elementos musicales, el verso gana, se lee mejor, se comprende mejor y lo que se tiene que decir, se dice una manera más exacta. No es simplemente la unión de las letras lo que hace a la literatura, en la fusión con otras artes lo que da forma a la gran literatura.

Para eso es la música, y eso hay que promover no sólo entre los escritores, sino también en quienes inician su educación en la primaria. Los maestros de ahora (no todos, por fortuna, pero si una gran mayoría), no leen, no escuchan música, no van a recitales de poesía ni a conciertos. Creen que con sólo estudiar pedagogía ya pueden enseñar a los niños. Un viejo maestro de primaria un día me comentó que era una lástima que los medios electrónicos no apoyaran la educación, pero no es sólo los medios electrónicos quienes deben apoyar la educación, sino también deben educar a quien enseña.

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