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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Este atractivo patán

Gerardo Tapia  

Por: Edgar León Meléndez

Con una paleta de colores muy mexicanos pero a la vez muy suyos, este tipo suele llamarse Gerardo Tapia. Nació en el Distrito Federal pero no se lo digan a nadie, ya saben como nos va a los que somos de allá, mejor digan que vive en Cuernavaca, Morelos y que estudió en La Esmeralda, a primera vista se ve joven pero todo un profesional. Su obra me sabe a calor y humedad, a eso de pintar en camiseta mientras te tomas una cerveza, pero nunca lo he visto pintar, sin embargo, aunque lo suyo no es precisamente el realismo, me queda claro que conoce el ambiente de bar a ventanas cerradas, unos cuantos músicos amarrados a sus instrumentos nos dan las ideas de que sus lienzos están describiendo la música a la sazón del humo de los cigarros, ambiente que se muestra mejor si regresamos a su paleta de colores. Esos colores brillan de tal manera que vale la pena publicarlos, y de hecho así es: Ha salido en esas revistas donde los ricos y famosos muestran sus casas, lo que nos da a entender que su trabajo es apreciado por quienes pueden gastar en colecciones, razón por la cual, y por que soy un interesado de primera, me voy a hacer su amigo.

Pero me gusta más la obra donde sus personajes parecen sacados de cuentos latinos para niños, buenos cuentos latinos, de hecho, buenos cuentos internacionales. Yo, como hermoso ilustrador gráfico, estoy harto empapado de ilustraciones tan coloridas como las Españolas, las Argentinas, olvídense de los fantásticos dibujantes de Conan el Bárbaro. Regresemos a quien dibuja Bolek y Lolek, allá en la vieja y ahora divorciada por vienes separados Checoslovaquia.

Sus personajes salen de una geometría que te somete a punta de círculos y triángulos a sonreír, sus sandías son tan irreales que dejas por un momento el sabor a caramel macciato y quieres zamparte una rebanada con todo y semillas, insisto gracias a la línea pero también al color (Ya me volvió a dar sed, nada más de acordarme).

Esos amarillos y anaranjados mezclados con azules que van del Cerulio al Ciano, tal vez un simple marino o un cielo de vez en cuando. Así, el señor Efecto Terracota (es un chiste personal que sólo le hace perder el tiempo a aquel que esté leyendo esta parte del párrafo, pero que su esposa, Gerardo, unos de sus amigos y yo, nos llevaremos a la tumba, esperando yo sea el último en llegar) sabe de equilibrio aún cuando el uno punto seiscientos dieciocho se impone en algunas obras, sobre todo. Ni qué decir del pincel, aunque poco se sabe del esfumato en técnicas mixtas, el chico sabe de la disciplina en la pincelada, recuerdo unos rojos españoles pintados en vertical que no dañan a este mi ojo educado (el izquierdo, el derecho lo uso para las mujeres, así parece que estoy coqueteándoles).

Sospecho que lo suyo es el cigarro y los bares, pero su esposa debe de saber mostrarle la vida de día, me explico: sus noches son de jazz, tal vez trova, pinta noches de tranquilidad, pero los días son de familia, de padres e hijos, y parece son los que le quedan mejor, sólo entonces sospecho que el Jerry está enamorado (Ya se supo, te gusta tu esposa, Gerardo ya se supo…).

Como quiera que sea, yo les recomiendo que se paren a ver el trabajo de alguien que si está comiendo de esto, o por lo menos eso aparenta, se ve de buen comer y le gusta el café. Por supuesto, alguien que vive de esto no lo van a encontrar en los museos de aquí, a todos nos queda claro que ni el bellas artes se maneja con conciencia de sus visitantes. De manera que vayan a verlo a una de esas bodegas que sirven como galerías que no son museos… uh… me refiero donde la gente va a comprar o a presumir sus trapos, en el centro comercial, estará por ahí hasta el jueves de esta semana.

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