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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Las razones del diablo

De figuras y héroes

Dionicio Munguía J.

En este año se cumple un aniversario más de Juárez. Presidente de la República en tiempos violentos, Benito Juárez representó un capítulo importante en la historia de nuestro país. Sus reformas obligaron a la iglesia a regresar todo aquello que no les pertenecía, sobre todo porque no era precisamente un reino celestial lo que poseían sino un considerable reino material.

Pero no todo fueron las Leyes de Reforma, sino también ese peregrinar por la república que le valió, de alguna forma, conocer realmente lo que sucedía en un país que se gobernaba (y se sigue gobernando) desde el centro. Es notorio que la figura juarista haya sido separada en el principio del actual gobierno federal. Incluso del discurso inicial que Fox hizo ante un complejo poder legislativo.

No más allá de la demagogia a la que se enfrenta uno en los medios, existe un particular interés por rescatar una figura que ha sido vilipendiada desde los púlpitos, pasando por los alones donde se decide la economía de nuestro país. Juárez tiene que ser rescatado, como todos los héroes nacionales, de las garras de la demagogia; el hecho que una revista de corte cultural, pagada con dinero de los impuestos, haya decidido tomar esta figura nacional, es sintomático de los vientos que pueblan nuestro entorno social actual.

A pesar de los dilemas que se presentan ante una figura como esta, la revista Castálida intenta recuperar este señuelo histórico y lanza una propuesta interesante en sus páginas. No por más ni por menos debemos hacerla a un lado. Es necesario conocer los diferentes puntos de vista que se expresan, desde el mordaz requiebro de Chavezmaya, hasta la gráfica irónica de caricaturistas (que siempre los ha habido) de su tiempo criticando lo criticable de un gobierno que no se caracterizo por su pasividad, como lo pueden comprobar los franceses.

Ahora sólo basta que los jóvenes conozcan a sus héroes, pero alejados del culto a la personalidad que durante decenios se llevo a cabo en México. Ya no tenemos que aguantar más estatuas (eso espero) en glorietas o avenidas, sino debemos solicitar una mejor revisión de la historia; hacer, como lo hizo García Márquez con Bolívar, una humanización de los héroes y no una glorificación que sólo aburre en la escuela. Que levante la mano quien diga, de niño, que no se aburrió al momento de las biografías obligadas.

Prefiero una biografía como la de García Márquez que una como la de los libros de primaria. Necesitamos saber, dice Noel Incola, cómo eran esos que nos precedieron. No la furibunda avalancha de fechas, sucesos y acontecimientos que se inscribieron en el libro de la historia, sino las cotidianas actividades de un hombre que fue presidente de la República, siendo un indígena que nació en un poblado miserable, sin saber hablar español, y que logró que una nación se levantará contra el invasor. Eso sería preferible.

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