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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Mantarraya

Televisión de doble filo

Por: Heber Quijano

Seamos sinceros. Cuántos de nosotros no llegamos a casa, quizá cansados de soportar el ajetreo de la ciudad, la cara gorilesca del jefe, la desaparición exasperante de los papelitos de nuestra cartera, y automáticamente prendemos el televisor para "distraernos", antes siquiera de saludar a quien comparta nuestro domicilio, incluyendo el perro o el pez. La televisión se ha convertido en un centro de atención que, seamos sinceros, bien poco se distingue del hipnotizador: compra esto, vístete así, anhela tales, apoya a fulanos, etc. Qué gran error, qué temible terror, tener diariamente a tal dictador en el comedor y frente a la cama.

No hay nada fuera de sus dominios, y lo que ella no transmite simplemente no existe. En 1996, en Sobre la televisión, Pierre Bourdieu sostiene con razón que "la televisión se convierte en el árbitro del acceso a la existencia social y política". Eso no es nada nuevo, lo saben los comerciantes, lo sabe el mercado —el verdadero verdugo—, lo saben sus dueños, lo saben los políticos y nosotros, humildes telespectadores o ciegos homo videns, como plantea Giovanni Sartori. Difícilmente podemos excluirnos de su dinámica voraz, difícilmente podemos evitar que "sea un colosal instrumento de mantenimiento del orden simbólico", orden que diariamente tutela nuestras acciones y nos orilla al absurdo quitándonos la subversión, ejemplo: para ser "rebelde" hay que ser de clase media alta, tez clara y cabello claro y decir y pensar nada en argot fashion, o sea, ¡hello!

Por ello el terrible berrinche del duopolio televisivo a la suspensión de la venta de espots, por ello la escalada de reproches y falsa custodia de la libertad de expresión. Claro, los espots son una libertad, la económica, que nada tiene que ver con el movimiento del 68, los fraudes del 88 y 2006, entre otros ante los cuales hicieron un silencio injustificable, pues "la televisión gobernada por los índices de audiencia contribuye a que pesen sobre el consumidor supuestamente libre e ilustrado las imposiciones del mercado, que nada tienen que ver con la expresión democrática de una opinión colectiva e ilustrada, racional de una razón pública como pretenden hacer creer los demagogos cínicos". En esa lógica Anahí es tan reaccionaria como el subcomandante Marcos, pero más bonita, estereotipada y comercializable, con todo y anemia.

La realidad no es la de allá afuera, sino la que sale a cuadro. Carl Landhuis, de la Universidad de Otago, en Dunedin Nueva Zelanda, afirma que el déficit de atención en los niños nacidos entre 1972 y 1973, va en relación con ver mucha tv, por dos razones: el cambio rápido de escena (zapping) puede hacer aburrida la realidad y la sustitución de actividades de concentración (leer, hacer deporte) por la tv. Los datos son contundentes, niños entre 13 y 15 años pasaron 3.1 horas de tv al día, o sea, 21.7 a la semana = 1131.5 al año, impresionante, 47 días y una hora al año. ¿Cuánto gastan sus hijos frente a ella?

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