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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

La ventana indiscreta

La ventana indiscreta

El imperio de David Lynch

Por: Eridania González Treviño

El séptimo arte alberga en su larga lista de cineastas al excéntrico estadounidense David Lynch. Su nombre resalta por ser uno de los artistas fílmicos del cine independiente más innovador en la década de los setenta. Nace en enero de 1946, en Montana. En él se concentran actividades artísticas en las que ha incursionado sin miramientos -pintura, música, literatura- y todas las ha aplicado en el cine.

Entre sus películas más memorables se encuentran The Elephant Man (El hombre elefante, 1980), Dune (Dunas, 1984) y Wild at Heart (Salvaje de Corazón, 1990), las cuales se caracterizan por su sencillez realista, por una parte, y por su acercamiento al individuo a través del romanticismo o por el futurismo imaginario, por otra.

Su primer filme, Eraserhead –comenzado en 1971 y concluido hasta 1977–, muestra elementos que en futuros argumentos se volverán recurrentes y distintivos en las películas de Lynch, elementos que van desde lo onírico hasta la evocación de la puesta en escena de una realidad ficcional perteneciente al propio mundo ficcional del filme. Lo grotesco es uno de los elementos más llamativos: personajes deformes, desquiciados, extraviados en mundos ajenos, que resultan de personajes estereotípicos que terminan inmersos en el nebuloso mundo del ensueño.

Eraserhead

es la película con la cual el espectador puede iniciarse en el mundo de David Lynch, ya que en ella se conjugan elementos surrealistas, grotescos y del absurdo, representados a través del ensueño, puestas en escena o cámaras subjetivas que persiguen imágenes proyectadas en el televisor. Recursos estilísticos que integrarán la construcción de todas y cada una de las películas de Lynch, en especial Blue Velvet (Terciopelo azul, 1986), Lost Highway (Carretera perdida, 1997), Mulhollan Drive (Sueños, misterios y secretos, 2001), perfeccionándose en INLAND EMPIRE (El Imperio, 2006) el más reciente filme de Lynch.

Al igual que en Mulhollan Drive, INLAND EMPIRE retoma como temática básica a Hollywood, la monstruosa industria cinematográfica capaz de destruir cualquier aspiración creativa con la finalidad de comercializarla y ofrecerla más que digerida a espectadores perezosos ante la abstracción de la esencia del objeto cinematográfico. La crítica de Lynch se extiende al individuo deseoso de introducirse a la más grande "fábrica de sueños", que inevitablemente se apropiará de su mente hasta llevarlo a la locura.

La secuencia cronológica de este filme se rompe con retrospectivas y anticipaciones temporales de la historia. Estos juegos temporales y los interminables movimientos espaciales son guiños insistentes al surrealismo que, inevitablemente, llevan al espectador a la confusión.

Eraserhead

dio la pauta a Lynch para que en Blue Velvet y en Mulhollan Drive se representaran puestas en escena consistentes, por lo general, en personajes femeninos con maquillaje y vestuario cargados y desaliñados que refieren decadencia, mujeres que cantan ante un público escaso y casi tan exótico y deprimente como ellas. El escenario conformado con muy poco mobiliario, quizás un piano y un fondo de telón rojo.

Sin embargo, la supremacía de INLAND EMPIRE radica en la evocación del teatro del absurdo, que interviene con mayor insistencia, representando escenas ya representadas dentro del mismo filme, con la intención de parodiar tanto a la historia que se desarrolla paralelamente a la puesta en escena como al propio teatro del absurdo y, sobre todo, a sus espectadores artificiales que ríen a la menor provocación y a causa de la enunciación de un diálogo absurdo y sin sentido de cualquiera de los personajes que están disfrazados de conejos.

El espectador se enfrenta a la ficción de la ficción. Sigue el desarrollo de la película a través de los ojos de una espectadora-personaje que se encuentra delante de la pantalla del televisor, instrumento que a la vez proyecta el rodaje de un filme y la representación de dicho filme en teatro, además de la utilización de otros recursos como las miradas ocasionales de la protagonista a la pantalla insinuando que tú, espectador, estás siendo visto por ellos y por lo tanto formas parte de aquella ficción.

Los diálogos, aunque escasos, forman parte esencial del filme y deben ser seguidos con atención y recordados en adelante, ya que completarán la significación total de la obra, no obstante que el espectador se vea obligado a ver la película dos o más veces para comprender el inicio, el o los desenlaces y el tan extraño y sin sentido final.

INLAND EMPIRE

es un largometraje complicado, pero muy recomendable, que ofrece a los individuos adictos al cine la oportunidad de probar un discurso visual diferente, un juego escenográfico enriquecedor y argumentos provenientes de lo más profundo del pensamiento de Lynch, del imperio interior del cineasta y hasta del nuestro, si así lo deseamos.

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