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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Escaramuza

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¿Por quién doblan las campanas?

Por: Polo Castellanos

Casi como reloj, cada 15 o 20 días, hay un altercado en la Catedral Metropolitana. Al estilo muy propio del nuevo Santo Oficio, por un lado, y al estilo populista demagogo por el otro. Pero enfrentamiento al fin y al cabo. Y como Pilatos todo el mundo se lava las manos. Pero qué casualidad en el país de aquínopasanada y vivimostodosretecontentos. El Santo Oficio insiste en estigmatizar las legítimas luchas sociales a donde no le llaman.

Muy convenientemente, justo el día en que la Convención Nacional Democrática se reunía en la Plaza de la Constitución, el repique de las campanas fue excesivo. ¿Qué estarían pensando en Catedral?, o más bien, ¿quién dio la orden? ¿El Cardenal, que en ese momento estaba haciendo su rabieta en el Vaticano, o la Secretaría de Gobernación que ahora también utiliza a la Iglesia para su guerra sucia, a través del "excelentísimo" Sr. Cardenal, Arzobispo Primado de México? Por desgracia un grupo de fanáticos cayó redondito en la provocación en esta maquiavélica jugada para enfrentar al pueblo contra el pueblo mismo. No sería la primera vez.

Este Santo Oficio posmoderno y su cardenal, que no tiene nada que ver con los curas revolucionarios que comprometidos con su pueblo han sido consecuentes con su catolicismo y han aportado cosas muy valiosas a este país, desde Morelos, Hidalgo, Fray Servando, hasta "Tatic" y que para vergüenza de éstos, pregona en el nombre de Dios, la intolerancia o cero tolerancia, como prefieran, hoy se toma libertades y atribuciones que en el pasado habíamos superado y que costó la sangre de muchos mexicanos. Desde cuándo la Arquidiócesis se permite facultades para cerrar un monumento nacional. Porque la Catedral Metropolitana antes de ser un templo, en este país, primero es un monumento histórico, que al igual que el antiguo Palacio del Arzobispado le pertenece al pueblo de México y no a la Iglesia.

En este sentido, la Ley Federal sobre Monumentos es muy clara: ARTÍCULO 36.- Por determinación de esta Ley son monumentos históricos:

l.- Los inmuebles construidos en los siglos XVI al XIX, destinados a templos y sus anexos: arzobispados, obispados y casas curales; seminarios, conventos o cualesquiera otros dedicados a la administración, divulgación, enseñanza o práctica de un culto religioso; así como a la educación y a la enseñanza, a fines asistenciales o benéficos; al servicio y ornato públicos y al uso de las autoridades civiles y militares. Los muebles que se encuentren o se hayan encontrado en dichos inmuebles y las obras civiles relevantes de carácter privado realizadas de los siglos XVI al XIX inclusive.

Así que el secretario de Gobernación y el Arzobispado pueden decir misa si quieren, pero la Catedral Metropolitana debe estar abierta. Si Moisés viviera escribiría el 11º. Mandamiento: "No cerrarás monumentos nacionales aunque te los estén prestando y respetarás los bienes del pueblo".


Y con esto de que el Vaticano cerró el Limbo para siempre, ya se puede volar directo y sin escalas al Infierno o al Paraíso. Así que, ¿cuál será el verdadero destino de esta sotana roja que, con su particular mojigatería, nos da cátedra en sus homilías sobre moral y ética al frente de una institución que, independientemente de sus virtudes, ha protegido, desde curas asesinos como el cura Enrique Meza, instigador del linchamiento de estudiantes en San Miguel Canoa en el 68, hasta curas pedófilos que cobardemente se esconden bajo las sotanas de la Arquidiócesis Primada de México y el Vaticano?

Las relaciones Estado-Iglesia que particularmente se encontraban más o menos en su sano juicio, se salieron de control desde que en el año 2000 el agua bendita se les derramó en Los Pinos y los golpes de pecho, desde Gobernación, dando las gracias al ser supremo, se escucharon en todo el país. Ya es hora de que se le señale puntualmente a la Arquidiócesis de México cuáles son sus limitaciones y obligaciones, y que el Episcopado Mexicano y el Vaticano evalúen a cabalidad a quién ponen al frente de esta Institución. Nada más falta que esta nación se empiece a gobernar desde el púlpito del fanatismo, "no, pos ni lo mande Dios". Así que, ¿por quién doblan las campanas?

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