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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

La ventana indiscreta

La ventana indiscreta

Barton Fink y el secreto de la creación

Por: Eridania González Treviño

Con el anuncio del próximo estreno de la nueva película de los hermanos Coen, Burn after reading –aún sin fecha de proyección anunciada para nuestro país– vino a mi mente la no tan larga lista de filmes que he disfrutado de estos escritores y directores estadounidenses.

El particular estilo de sus películas impide ubicarlas en un género específico, ya que se han caracterizado por inventar su propia corriente cinematográfica. Incluso cuando se trata de homenajes a rodajes que marcaron un estilo en Hollywood o recreaciones de obras literarias trasladadas al lenguaje visual. En estos casos la narrativa se aleja de su discurso original y se reescribe en su totalidad. Por ejemplo, Oh Brother, Where are Thou? –2000– (¿Dónde estás hermano?), basada, aunque no lo parezca, en la Odisea de Homero, conserva ciertos elementos como el viaje recorrido por Ulises, la espera de Penélope, la participación de las sirenas y el cíclope, por mencionar las más recordadas por los lectores de literatura clásica. Sin embargo, no existen los dioses griegos ni las travesías heroicas; de hecho, el héroe original, Ulises u Odiseo, es rebajado a lo mundano, incluso ridiculizado, con un personaje que juega el papel de antihéroe.

The Big Lebowski

–1998–, cuyos orígenes se encuentran en la novela policíaca The Big sleep del estadounidense Raymond Chandler; y No country for old men –2007– de una novela del mismo nombre del escritor norteamericano Cormac McCarthy, sufren cambios similares, y la fatalidad cobra tintes agudos a partir de la comicidad de los hechos más mundanos a los que cualquier individuo sobre la Tierra está expuesto.

El humor negro, la comedia de enredo, el malentendido, la violencia en diferentes tonos, el drama, la ambigüedad moral, forman parte de los instrumentos estilísticos utilizados por Ethan y Joel Coen, en la mayoría de sus rodajes. Todos se desarrollan a partir de personajes y situaciones muy representativas de la vida en Estados Unidos; sin embargo, la transformación de estos elementos alcanza niveles artísticos verdaderamente radicales hasta convertir el objeto fílmico en una obra clásica de culto.

Esto sucede con Barton Fink (1991), la más bella película de los hermanos Coen, y cuya creación se relaciona con la vida de estos dos cineastas, sin caer en lo anecdótico. Trasladada a 1941, año en el que Estados Unidos participa de lleno en la Segunda Guerra Mundial, Barton Fink se desarrolla con el simple pretexto del escritor enfrentado a la página en blanco cuando ya tiene más que éxito y cuando su búsqueda se concentra en la creación de un "teatro vivo" para el hombre común. Barton Fink, personaje inmerso en un mundo donde él resulta ser ese hombre común, descubre que no existe la gente ordinaria, que nadie se repite y detrás de una bonachona cara redonda puede estar el "diablo".

Escenarios plagados de imágenes singulares son el toque sombrío de este filme tan extraño. Un pasillo inmensamente largo y eternamente tranquilo se convertirá en el elemento de conexión con la realidad y con el inframundo. Un cuarto húmedo y viejo será el alojamiento quizás permanente de nuestro dramaturgo. Una postal que evoca la paz, la belleza y la eternidad de la vida. Una caja que representa las culpas y los pecados. Paredes delgadas. Una máquina de escribir que atormenta. Una obra maestra. Un hombre que se quema por dentro. Un hombre que no perdona. La soledad innegable conformada de ruido ulcerante bañado de silencio. Un dramaturgo temeroso, un escritor en blanco que se busca a sí mismo.

Barton Fink compone su obra maestra acerca de la lucha interna contra el dolor porque "escribir viene de un dolor intenso". Un libreto con el que intenta mostrar algo hermoso de "todos nosotros" y donde se hace evidente que más allá de lo cotidiano existe el complicado entramado interior del ser humano, que hará recuperar al artista la creatividad mermada en el pasado.

Cualquier romanticismo ideológico intentado por los personajes será destruido por la fatalidad conjugada con el humor negro, elementos que acompañarán a cada uno de los filmes de estos ingeniosos cineastas, que a diferencia de otros escritores y directores cinematográficos, los hermanos Coen han dirigido sus miradas a la literatura y a la vida real, colocándolas en contextos crudos ocurridos a personas con interiores destruidos, con vidas existentes exclusivamente en la mente. Y al final únicamente resignación, salvo algunas excepciones.

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