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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Las razones del diablo

 

La soledad

Por: Dionicio Munguía J.

 

La imagen normal de la soledad es un estado de ánimo destructivo, pérdida de capacidad creativa y emocional, silencio  que rodea de manera absurda los símbolos universales y la realidad. Tenemos la imagen más vendida que se nos ha mostrado desde pequeños: el hombre o mujer que vive en soledad es un ser triste, casi destruido, absorbido por las taras de la sociedad y dejado de lado, sin otra opción que la de mirar la ventana y la calle con la tristeza reflejada en los ojos. Imagen que se ha repetido hasta el cansancio, programando la mente fértil de los niños para la búsqueda de la célula familiar, para evitar a toda costa el quedarse solos, el estar en esa situación anormal y poco productiva.

Durante años, la imagen preconcebida ha forjado relaciones poco sanas, imbuidas por la necesidad social de vivir en compañía, de ser un ciudadano que tiene a su alrededor la normalidad aparente de quien es siempre un ser humano acompañado, rodeado de satisfactores que cumplen su función de evitar la soledad a pesar de que los instintos sean contrarios. No podemos llegar a la soledad porque nos destruiríamos y eso, aunque no se quiera aceptar, es un error. El hombre, por naturaleza, es un ser solitario, y dentro de esa soledad debe existir la capacidad para crear, para enfocar ese estado natural hacia los elementos que forjan la sociedad.

Asumir la soledad significa aprender a vivir con ella, aceptar las consecuencias de su existencia, incluir los factores de tristeza y melancolía para llegar a un nivel de creación mayor que lo común. Los seres humanos, también por naturaleza, tenemos capacidades creativas, innatas, que aparecen en el momento que se necesitan. Los grandes inventos son producto de la soledad y de la necesidad de expresión. Y al aceptar la soledad como función normal del ser humano y no como acción destructiva, todo el entorno se transforma, ya no es la imagen destructiva la que impera sino la creatividad la que soluciona todos los problemas cotidianos. En la literatura, asumir la soledad es un paso adelante en la creación de la palabra, mientras más adaptados estemos a este sentido, mejor será nuestras letras.

La soledad se debe transformar en acción, en palabra. Ya no será un estado de ánimo paralizante sino uno en movimiento. No veremos el entorno triste sino la realidad más optimista. Los conceptos sociales de la soledad impiden que los creadores se adapten a los tiempos modernos. O a sus tiempos. De alguna forma, los más grandes creadores han estado siempre solos, a pesar de la familia que los rodea, a pesar de los amigos. Su trabajo es resultado de su soledad asumida, de aceptarla, de mimarla para lograr una creación efectiva.

Cuando el ser humano acepte esta condición natural, cuando vea que la soledad no es la imagen que nos ha vendido la sociedad, podrá llegar a la expresión más sublime y casi perfecta. Asumir la soledad no es aceptar la tristeza sino transformar ese sentimiento en creación, en símbolos que no necesariamente implican melancolía. Somos seres humanos solitarios, debemos asumirnos así, para que la literatura crezca y sea más comprensible para los seres humanos comunes, para quienes viven en la aparente felicidad de una compañía. Sí, es necesaria, pero no indispensable.

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