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Mantarraya

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Lo sagrado y lo profano en Efraín Bartolomé

Por: Heber Quijano

La poesía, para Octavio Paz, mostraba la otra cara de la realidad. Este año se acaba de publicar una edición facsimilar del fastuoso y soberbio Piedra de sol, que además contiene algunas de las reseñas, análisis y críticas que recibió uno de los poemas cardinales de la poesía escrita en lengua castellana. Sin embargo, paralelamente Ojo de jaguar de Efraín Bartolomé también ha sido reeditado por tres distintas editoriales, aunque aun así es bastante complicado conseguirlas debido a la mercenaria red de distribución de las editoriales pequeñas, universitarias o independientes. Ambas nacen de una necesidad por revelar, a través de las palabras, ese sentimiento de sacralidad de la que hablaba Mircea Eliade en Lo sagrado y lo profano.

Octavio Paz hace un poema largo en el que se evoca la mitología y la cosmogonía prehispánica, pero que las trasciende, las renuevas, las actualiza; reivindica la sensualidad, la percepción continua e irrepetible del tiempo y los actos cotidianos, para enarbolarlos y encumbrarlos al nivel mítico. Paz hace de la poesía algo sagrado, y es ella misma una hierofanía, una manifestación de lo sagrado, siguiendo la nomenclatura de Eliade.

Por su parte, Efraín Bartolomé, en su propia voz, acepta que existe el "intento de la recuperación del Paraíso", que es Ocosingo y, en general, la selva lacandona, a la que define como "el oro real: el privilegio de vivir en el Edén, en el Paraíso". En su caso, la hierofanía es distinta: "un día descubrí que la emoción, el estado de suspensión del alma, la conmoción profunda ante la belleza del mundo, no era producido en mí por ninguna de las artes del modo intenso en que lo lograba la poesía, la palabra que canta".

Ojo de jaguar según Marco Antonio Campos puede ser leído de forma celebratoria o elegíaca: "Celebración de la Gran Madre y dolor por la irresponsable falta de respeto a los territorios sagrados". La cercanía con la naturaleza siempre nos da una sensación de estar bajo algo que nos supera, que nos envuelve y que, a veces, nos refleja cuán frágiles somos. Los románticos ya siguieron esa ruta como denuncia de la deshumanización que provocaba la Revolución industrial. Ahora, con el cambio climático, resulta sorprendente la forma en que es alabada la naturaleza y la necesidad de comunión que exalta la poesía de Bartolomé. Ahora nos es más fácil distinguir la diferencia sonora de una camioneta con la de un coche o con la de una moto, pero nos sería imposible distinguir el aroma de la madera de un mezquite frente al de un oyamel, o distinguir el sonido de las ranas y los sapos. ¿Hace cuánto no se oyen?

Octavio Paz guarecido en su higuera de Mixcoac y Efraín Bartolomé al arrullo del murmullo imponente del río lacandón, dejan que sea el lenguaje el que nos despierte, pues, para Bartolomé: "un verdadero poema produce conmoción, hace que un hombre entre en contacto con lo otro, […] que redescubra su alma", le muestra "a los humanos su dimensión divina".

Comentarios: heberquijano@yahoo.com.mx

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