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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Escaramuza

Medalla de oro a la cultura

Por: Polo Castellanos

 

Y da inicio la versión XXIX de los juegos olímpicos y están en chino. Tan solo en México ya se asegura medalla para la cultura. Haciendo un recuento del panorama general cultural y sus instituciones oficiales desde las federales hasta la más pequeña casa de cultura (de las que ahora cobran), podemos estar casi seguros que tenemos medalla de oro. A dos años de la usurpación del país, las contradicciones sociales, políticas, económicas y culturales se acentúan de manera vertiginosa. Lo blanco es más amarillo perredé y lo negro más blanqui-azul-tricolor-apastelado. La cultura en medio tratando de hacer un slalom de canotaje para no hundirse en las perversas aguas que la rodean.

 

En una especie de ping-pong entre los unos y los otros, la cultura es la red que nadie toca porque de eso se trata el juego y los creadores siguen viendo el va y viene de la minúscula pelotita de los recursos destinados a la creación, como convidados de palo. Eso sí, el discurso demagógico de siempre es la "transparencia", el bien de México y la cultura… bla, bla , bla.

 

Desde espurios, arribistas, oportunistas y traidores de más alto nivel hasta la poca monta de seudo dirigentes mercachifles en lo más bajo del escalafón cultural y la gestión colectiva, han tomado como su consigna "la transparencia" y el "bien de la cultura o de los artistas". Hablan de unidad, pasando por encima de la voluntad general y sí es necesario hasta dar golpes de estado técnicos con tal de ostentar un hueso en el poder, sea el nivel que sea. El demagógico planteamiento del "estamos haciendo por los artistas" o "sostenemos pláticas con… para bajar ‘el cielo y las estrellas’, en beneficio de todos y la cultura" son la práctica común de un discurso trillado, mediocre, anacrónico y hasta obsceno: Fanfarronadas de campaña.

 

La guerra sucia y mediática en, y hacia los sectores culturales y los creadores no tiene límites y es la consecuencia indiscutible de la descomposición del modelo político mexicano. La orientación oficial para desaparecer a las sociedades autorales protectoras de los derechos de los creadores, por un lado; las prácticas discriminatorias hacia amplios sectores de la creación artística, el impulso al espectáculo masivo, telón infalible del "pan y circo" y el tortuguismo mafaldezco de la burocracia, por otro, marcan ya la clara política del neoliberalismo y la clase en el poder hacia la cultura y los creadores.

 

También, pueden pasar meses o incluso años para que un proyecto cultural encuentre eco en la burocracia y otro tanto para que bajen los recursos (apenas sólo el 12.9 % en el sector federal en lo que va del año, según cifras de la Comisión de Cultura de la Cámara de diputados) que nunca, claro está, serán los dignamente necesarios y después, el repartidero de agradecimientos para quienes "hicieron el favor" de hacer las gestiones necesarias. ¡Carajo, así no se puede trabajar! Los artistas o nos dedicamos hacer miguitas con la burocracia y a corretear pendejos, o a producir.

 

En esta disciplina olímpica de buscar recursos para la creación y en la que los creadores estamos obligados a participar, para llegar a la meta, primero hay que convencer a los jueces de que no se vale descalificar; de que el dopaje es una mala práctica, aunque te miren con sus ojos inyectados o sus narices polveadas fruto de los generosos aportes que reciben de la cultura; de que tenemos derechos autorales y no se vale "invadir el carril"; de que los recursos no son de los administradores culturales sino del pueblo y para su disfrute; que hacer arte desde las tribunas es una pésima practica, esa es tarea de los creadores; y que al llegar a la meta, los méritos pertenecen a los creadores en el 99 % y el 1%, si acaso, a la gestión del burócrata.

 

La democracia no existirá en este país, mientras la justicia deambule tuerta y pidiendo limosnas a los usurpadores y mientras no tengamos un estado de derecho efectivo. Así, en este cochinero olímpico de bajezas, podredumbre, ignorancia, soberbia, inopia y demás, magno cuchitril en el que se hospedan dirigentillos, que se ostentan culturales, usurpadores que por el fraude o por el dedazo llegaron a instituciones que deberían de ser democráticas, quienes tendremos que limpiar el cochinero seremos como siempre los creadores. Por eso, y bien merecida, medalla de oro para la burocracia cultural.

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