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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

La ventana indiscreta

La ventana indiscreta

Blade Runner

Por: Eridania González Treviño

"… en llamas los ángeles cayeron, grandes truenos resonaban en las costas, ardiendo con las llamas de Orc." (Roy Batty)

Precursora del subgénero cinematográfico denominado Cyberpunk –caracterizado éste por la exposición de los adelantos tecnológicos en su mayor capacidad, por la muestra de la sociedad en decadencia y la lucha por la sobrevivencia en un mundo donde impera el individualismo en escenarios alejados de los lugares comunes, así como la saturación de elementos materiales y humanos– nunca igualada y mucho menos superada, Blade Runner (1982), un clásico de culto del cine mundial, anunció hace algunos de meses la más reciente aparición de sus versiones, la séptima, que coincide casi en su totalidad con la adaptación aprobada por su director, Ridley Scott, de 1992.

Con excepción de Metrópolis (1927) –que en mi opinión es el filme que da origen, en el cine, a la ciencia ficción y a sus respectivos subgéneros– Blade Runner es la primera producción que se adelantó en el tiempo, rebasó las temáticas futuristas y superó incluso el actual siglo XXI.

Basada en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, escrita por Philip K. Dick, Blade Runner se desarrolla en aquel submundo nocturno comandado por una corporación piramidal que apunta al cielo, ciudad iluminada por pequeñas luces artificiales de amarillez enfermiza y echada a andar por chimeneas fogosas que parecen dar vida al engranaje metálico subterráneo que, sólo imagino, debe sostener al universo inventado por el virtual hombre del futuro, que habita en una ciudad caótica, llena y ruidosa, donde imperan los artefactos que imitan la inteligencia humana, y los hombres reciben ofertas para habitar un mundo mejor lejos de esta tierra y muy cerca de espacio sideral, donde los modernos carruajes deben distribuirse en el espacio terrestre y aéreo, ahí, inmersa en la locura, se lleva a cabo la historia de los límites de la inteligencia del hombre. Con una temática que en la actualidad es, quizás, para todos ya muy conocida, Blade Runner pone en tela juicio un futuro poco alentador con resquicios de humanismo.

Recuerdos implantados, facciones de hermosura angelical, inteligencias consagradas y frivolidad engañosa, son los componentes del antagonista del hombre, creado por él mismo, y el motivo que desencadena la trama del filme. Androides, o replicantes como les nombran en el filme, construidos por y a imagen y semejanza del ser humano logran su perfección y se apropian de las emociones que satisfacen y también atormentan a su creador. Ellos, los replicantes, piden lo que muchos hombres quieren desde el primer atisbo de razón: la existencia si no permanente sí prolongada de la vida.

Ante la petición ambiciosa y con certeza negada, en las réplicas del hombre, en los androides se posa la disertación filosófica del tiempo. Éste, maldita invención inmaterial, mostrado como el elemento esclavizante del hombre y la fuente de todos sus temores, porque el tiempo se esfuma con inmediatez sorprendente, sin importar la cifra que lo conforme.

A causa de esta injusta sujeción temporal, y del martirio que produce vivir con miedo en la espera de la conclusión del tiempo, el personaje más completo, el de mayor significación, hace su aparición para enunciar verdades y enfrentar a su creador. Con frases de profundo sentido, con el dolor poético de un ente engañado, un replicante "Nexus 6" mata a su creador como el hombre mató a Dios.

La lucha perdida contra el tiempo, el más humano que los humanos bajo la lluvia disimula la derrota y se entrega límpido y frío, como pocos en el mundo, al final de su existencia, porque el término del tiempo y el final del camino invalidan lo vivido. Con un fondo de Vangelis y con tristeza literaria, Roy roba nuestras palabras: "he visto cosas que los humanos ni se imaginan, naves de ataque incendiándose cerca del hombro de Orión. He visto rayos de mar centellando cerca de la puerta de Tannhäuser… Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia, es hora de morir…"

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