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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Escaramuza

Escaramuza

 

 

 

 

 

Típicamente norteamericano

Por: Polo Castellanos

Primera de dos partes

El Expresionismo Abstracto norteamericano marca un hito en el desarrollo del arte moderno, sí un punto de partida pero también una continuación; la forma de observar el arte, la pintura en particular, de realizar un arte "puro" que garantizará su propia independencia eliminando lo "prestado" de otras artes y buscando su absoluta autonomía, hacen del expresionismo abstracto, y los artistas que lo desarrollaron, un parteaguas en la historia del arte moderno. Sin embargo, no se debe perder de vista el contexto histórico en el que se desarrolla esta corriente artística.

Independientemente de la autenticidad de los planteamientos del arte autónomo y la pureza del medio, hechos tanto por los artistas como por sus críticos más cáusticos, como Clement Greenberg, defensor de la llanura y la bidimensionalidad como condiciones exclusivas de la pintura, o Harold Rosemberg, promotor de la acción.

La vehemencia con la que se defiende este arte típicamente norteamericano hace reflexionar sobre su verdadera legitimidad como una corriente que influyó de manera natural y no a través de la coerción política, en el arte y en la trayectoria de la historia del arte.

La sociedad norteamericana es joven, es una nación formada a escasos doscientos años desde su independencia y se fue construyendo a través de la conquista y el exterminio de sus pueblos originarios. Pluricultural, sus raíces básicamente son una amalgama de las tradiciones culturales importadas por los migrantes. En este sentido, la cultura norteamericana, netamente norteamericana, es escasa. En el terreno del arte, las influencias europeas marcaban el ritmo y los artistas norteamericanos dependían de los artistas franceses, la mayoría, que exiliados de la guerra vivían en los Estados Unidos, cuestión que tenía sus ventajas, ya que había puntos de comparación de primera mano. Sin embargo al triunfo de los aliados en 1945, donde Estados Unidos jugó un papel fundamental y frente al avance del comunismo y el marxismo-leninismo, había que legitimar los intereses políticos y comerciales del mundo "libre" a través de la cultura. Estados Unidos debía insertarse en el mapa cultural mundial con una cultura y un arte propios que autentificaran la "democracia" del capitalismo.

 

La maquinaria comienza a trabajar

 

La historia la escribe el país vencedor y los cuentos el país vencido. Estados Unidos había ganado prácticamente la guerra, previa desmaterialización sistemática de Hiroshima y Nagasaki, convirtiéndose en el país vencedor y cuya participación en la guerra le resultó tan magnífico negocio, que se hizo prácticamente una potencia que se consolidaría en muy corto tiempo. Así, con todos los recursos a su alcance, encontró la forma de respaldar ideológicamente toda la parafernalia del "sueño americano": la cultura.

El European Recovery Program, conocido como Plan Marshall, que entre otras cosas pretendía frenar el avance comunista, echó a andar una campaña encubierta a través de la Agencia Central de Inteligencia CIA, que pondría de manifiesto la libertad cultural imperante en Estados Unidos. El arte moderno en esos momentos encontraba una oposición muy fuerte no sólo en la parte más conservadora de la sociedad estadounidense, sino también en la clase política gobernante. Para Truman, al igual que varios congresistas republicanos, el arte moderno era comunistoide; en particular el arte abstracto de impulsos degenerados y subversivos. Incluso para George Dondero, un congresista republicano, el arte moderno era una conspiración mundial para acabar con la moral norteamericana: "El cubismo pretende destruir mediante el desorden calculado. El futurismo pretende destruir mediante el mito de la máquina... El dadaísmo pretende destruir mediante el ridículo. El expresionismo pretende destruir remedando lo primitivo y lo sicótico. El arte abstracto pretende destruir por medio de la confusión de la mente... El surrealismo pretende destruir por la negación de la razón".

Pero donde la mojigata moral yanqui veía al demonio, la CIA encontró el arma perfecta: el expresionismo abstracto. Éste expresaba ideologías claramente anticomunistas: libertad y libre empresa; además, al no ser figurativo, no podía expresarse políticamente; era pues, la antítesis del realismo socialista. Además se suponía netamente norteamericano y una aportación de los Estados Unidos al arte moderno. Y ante la visión soviética de que los gringos no tenían cultura, el expresionismo abstracto "era un arte de acuerdo con la grandeza y la libertad de los Estados Unidos".

Sin embargo, la oposición interna al arte moderno no permitía que el apoyo fuera de manera abierta, así que la CIA, con financiamiento del sector privado y los museos a través del Congreso por la Libertad Cultural y el Museo de Arte Moderno de Nueva York MoMA como tapaderas, entre otras, le dieron vida al expresionismo abstracto financiando, promoviendo, exportando y premiando un buen número de exposiciones internacionales y a los artistas protagonistas.

De igual forma, había que sustentar teóricamente, así que la propaganda a través de los críticos de arte no se hizo esperar. Personas como Clement Greenberg, crítico al servicio de la CIA, rápidamente comenzaron a afirmar las intenciones de fondo y la alineación de la cultura a las élites del poder, el dinero y las clases dirigentes, como lo manifiesta Greenberg con su clara ideología de recalcitrante clasismo y anticomunismo:

 


Las masas siempre han permanecido más o menos indiferentes a los procesos de desarrollo de la cultura. Pero hoy tal cultura está siendo abandonada también por aquellos a quienes realmente pertenece: la clase dirigente. Y es que la vanguardia pertenece a esta clase. Ninguna cultura puede desarrollarse sin una base social, sin una fuente de ingresos estables. Y en el caso de la vanguardia, esos ingresos los proporcionaba una élite dentro de la clase dirigente de esa sociedad de la que se suponía apartada, pero a la que siempre permaneció unida por un cordón umbilical de oro. La paradoja es real. Y ahora esa élite se está retirando rápidamente. Y como la vanguardia constituye la única cultura viva de que disponemos hoy, la supervivencia de la cultura en general está amenazada a corto plazo.

Mientras, muchos artistas entraron al juego, unos alineados al Comité Americano por la libertad Cultural, como Motherwell y Baziotes; otros se hacían de la vista gorda y otros, como Mark Rothko, militaban como fervientes anticomunistas, poniendo en tela de juicio lo que el expresionismo abstracto pregonaba como un arte ideológicamente apolítico, y al mismo tiempo trabajaban con todos los recursos y apoyos que el imperio ponía a su disposición. El resto del mundo pensando que los norteamericanos acababan de inventar el hilo negro.

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