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Mantarraya

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Apunte sobre Oliverio Girondo (II de II)

Por: Heber Quijano

Oliverio Girondo es uno de esos poetas que, sin pertenecer al top ten ni a la crema y nata de la societé literaria de su tiempo, dejó huellas que el tiempo poco a poco ha ido develando. Su obra gira de la violencia verbal y temática hacia el jugueteo suspicaz y travieso del niño que recién descubre el lenguaje. Su violencia puede clasificarse existencialista, en el sentido de la indiferencia que las preocupaciones de la vida le generan. En pocas palabras, no le importan. Claro, ello es falso, si no, no habría gastado la tinta de su pluma en demostrar el hastío, el desdén, el hartazgo. Así, podemos percibir la sensación vomitiva y angustiante en Ejecutoria del miasma: "Este clima de asfixia que impregna los pulmones/ de una anhelante angustia de pez recién pescado./ Este hedor adhesivo y errabundo,/ que intoxica la vida/ y nos hunde en viscosas pesadillas de lodo/[…] / para abrir las ventanas,/ penetrar en los cuartos,/ tomarnos del cogote,/ empujarnos al asco,/ mientras grita su inquina,/ su aversión,/ su desprecio,/ por todo lo que allana la acritud de las horas,/ por todo lo que alivia la angustia de los días".

Si la "acritud de las horas", "angustia de los días", y su persuasión de lo aburrido de la vida misma, no es una influencia del existencialismo de Camus o de Sartre, entonces su servidor ha perdido la certeza. En Ruiseñor del lodo parece una venganza poética a vacuos "colegas": "Tu vientre de canónigo/y tus manos reumáticas,/ no impiden que te pases la noche en los pantanos,/ mirando las estrellas,/ mientras cantas y oficias tus misas gregorianas// […] Pero has de perdonarme/ si no te doy la mano./ Tú tienes sangre fría./ Yo, demasiada fiebre". En contraste, Girondo se regocija con el ludismo del poeta que conoce su oficio y sabe perfectamente desacralizar la postura romántica y melosa de la poesía.

En un picaresco juego infantil, Girondo parodia las bromas puberiles enalteciendo a la baba, en su poema homónimo: Es la baba./ Su baba./ La efervescente baba. /[…]/ la pestilente baba, la baba doctorada, que avergüenza la felpa de las bancas con dieta/ y otras muelles poltronas no menos escupidas".

A cualquiera nos recuerda la canción al flatulento aire ligero que sale por donde hablan los políticos. Con esa misma vivacidad, hace un poema erótico-amoroso en "Mi Lu" (que proviene de los juegos verbales de Lewis Carroll y deviene en el mítico "gíglico" del capítulo 68 en Rayuela de Julio Cortázar): "mi lubidulia / mi golocidalove / mi lu tan luz tan tu que me enlucielabisma / y descentratelura y venusafrodea / y me nirvana el suyo la crucis los desalmes / con sus melimeleos / sus erpsiquisedas sus decúbitos lianas y dermiferios limbos y gormullos". Girondo se regocija con el asombro y nos permite significar cualquiera de esas palabras con cualquier concepto, aunque su erotismo es instantáneo: "mi pulpa lu de vértigo de galaxias de semen de misterio". Basta de pretextos, leamos a Oliverio Girondo.

heberquijano@yahoo.com.mx

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