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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Mantarraya

Mantarraya

La predominancia del silencio

Por: Heber Quijano

 

Estamos acostumbrados a alabar la palabra, acostumbrados a referir el mundo a través de significados referenciales, la base primordial de la lingüística de Saussure, acostumbrados pues a estructurar el mundo verbalmente, así, hemos hecho del silencio un lugar inhabitado, distante y pedestre. Incluso en la vida cotidiana el silencio se ha convertido en un lugar, por paradójico que suene, en el que no ocurre nada, en el que uno está desorbitado o indefenso, vulnerable, indemne, ya sea en el "silencio incómodo" o porque "el que calla otorga", pierde. A pesar de que "una imagen vale más que mil palabras" (lo cual es muy dudable), una fotografía está descontextualizada y vive casi en un limbo si no tiene un pie de foto en el cual se esclarezca su ser, lugar, fecha o referencia, como ha señalado Bourdieu. En la música, nos extraña escuchar una canción sin letra, a pesar de que el principio fundamental de la música es el silencio mismo, tan magistralmente utilizado por Mahler, por ejemplo.

Pero hablemos ahora de lo importante: Marcel Marceau y la pantomima. Con gran consternación descubrí hace unos días que el gran mimo había fallecido y me reproché con ahínco el no haberlo visto nunca "actuar" en vivo. Heredero de la gran escuela francesa, Marcel se convirtió en un ícono, en el gurú mayor de la pantomima; su Monsieur Bip sólo puede tener un lugar en nuestros altares privados, al lado de Andrés Bustamante, el Güiri Güri, Cantinflas antes de su etapa moralina, Andy Kaufman, los hermanos Marx, Buster Keaton y Charles Chaplin; estos dos últimos fueron una motivación para el Marcel.

Gran crítico desde su trinchera, sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial, hijo de un padre exterminado en el holocausto, Marcel Mangel usó el Marceau en homenaje a un militar que vinculó las fuerzas del general estadounidense Patton con la Resistencia francesa, de la que él era partícipe. La capacidad de expresar sentimientos, de hacer poesía con los gestos y con la imaginación hizo de Marcel un héroe del silencio, le devolvió la dignidad expresiva que tanto ha perdido en la risible comedia televisiva.

Es un buen momento para redescubrir la pantomima como parte fundamental de la actuación y de la danza. Aprovechando que hace poco tiempo estuvo Jean Bernard Laclotte en Lumbrales, podemos reivindicar a Alfonso Vírchez, quien también participa de este lenguaje silente, y de paso al teatro universitario que hace grandes esfuerzos para poder presentar obras que si bien no siempre cumplen con las expectativas de calidad, sí nos sorprende en muchas ocasiones y de manera muy grata. Vayamos a disfrutar del arte que tenemos cerca y a la mano: no es necesario cruzar el verde muro de Berlín, como precisamente le decía un amigo teatrero, que es la Marquesa.

 

Comentarios: heberquijano@yahoo.com.mx

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