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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Escaramuza

Escaramuza

What pedo is going on, Malinche

Por: Polo Castellanos


¡Hasta siempre, Che Comandante!

Parece mentira que a tres años de conmemorar el bicentenario de la independencia de México estemos arrastrando todavía con la maldición de Malinche. Parece una condena eterna. Hoy, al menos en el terreno del arte y la cultura, seguimos siendo conquistados por otro país. Y no hay que darle muchas vueltas para saber a quién nos referimos.

Los gringos, con su extraordinario toque de Midas (todo lo que tocan lo echan a perder), quienes constantemente se han dedicado a satanizar a las culturas latinoamericanas y que como buitres se han dedicado a intentar destruir tradiciones y cualquier intento de que nuestra cultura siga siendo una de las más ricas y complejas del mundo, insisten constantemente en ser los jueces de lo que debe de hacerse, al menos en lo que toca a nuestro desarrollo artístico. Orquestada desde la Agencia Central de Inteligencia CIA la política cultural hacia América Latina y muy en concreto hacia México, le ha costado mucho a nuestro país. A partir de la posguerra y la inserción de Estados Unidos en la cultura mundial, descubrieron que ésta es el arma más poderosa que se puede utilizar en contra de un pueblo. "Domínalos culturalmente y los tendrás a tu servicio" pareciera decir su consigna. Más bien como en alguna ocasión dijera un estadista: "A los mexicanos no hay que conquistarlos, hay que educarlos".

Parece mentira y más grave aún que haya mexicanos que deslumbrados por el sueño americano se entreguen diariamente y se arrastren en un servilismo humillante ante la voz de los yankis. Un reciente ejemplo: éste el de las Maravillas del Mundo que no es otra cosa que la mercantilización de las culturas; en nuestro querido Chichén Itzá y otras zonas arqueológicas, se puede observar con tristeza el trato que recibe el turismo nacional: guías mexicanos que dan explicaciones en inglés de por qué Kukulkán desciende por la pirámide; estudiantes y maestros sin descuentos, sin mencionar que los mayas tienen que pagar por entrar a sus centros espirituales; trato preferencial a güeros de ojos azules y al presidente Lincoln en los billetes verdes. Las autoridades del INAH y la vergüenza.

Pero no nos concentremos en lo que ya sabemos obvio. Ya desde los años sesenta la penetración cultural se vuelve evidente en el arte y ante la aparición de la denominada generación de "ruptura" cuya única ruptura fue la de fomentar el individualismo en el arte y terminar de convertir el arte en un objeto más de consumo. Copiando corrientes artísticas que se generaban en el vecino país del norte y que nos vendieron aquí como si fuera una aportación de los artistas mexicanos a la cultura nacional. Una explosión hueca que no fue más que una repetición de lo que ya en la década de los cincuenta la CIA fomentaba desde Estados Unidos y que hizo extensiva a México apoyando a esta generación, incluso con becas de estudio a través de sus fundaciones, para que los "artistas" mexicanos siguieran golpeando el carácter social de la Escuela Mexicana de Pintura.

Pero el asunto apenas comienza; el impulso a través de las galerías, de los museos y del mismo gobierno queda abierto y sin cortapisas. Se tiene la idea de que para estar a la "vanguardia" hay que hacer lo que los gringos están haciendo o lo que los europeos promueven como arte contemporáneo o "vanguardia", etc. Para que nuestro país, como si lo necesitara, esté a la altura de las grandes potencias y el imperialismo. Como si así ingresáramos al "primer mundo" no importa que estemos en la miseria.

Hoy, cuatro décadas después, el perro sigue moviendo la cola al ritmo que le tocan allá en la tierra de la hamburguesa, los museos abren sus puertas y las instituciones culturales las becas a los artistas que siguen pensando que están a la "vanguardia" en el arte y que copian cuanta garambaina extranjera se les pone enfrente. Y se repiten una y otra vez las exposiciones, las corrientes posmodernistas, el arte conceptual, las instalaciones, los performances, el minimalismo, la multimedia, etc. Nunca habían encontrado tanto eco en los recintos culturales, digamos oficiales, como hoy.

Pero hay una condición. La obra debe de ser explicada. Ya en los sesenta la artista y crítica de arte Susan Sontag (casualmente norteamericana), advertía que la interpretación era la "revancha del intelecto sobre el arte". Cuanta razón tenía: son más largas las explicaciones y las justificaciones que dan estos artistas sobre su obra que el verdadero contenido de las mismas. Se desgreñan intentando explicar una obra que debería, como lenguaje plástico, explicarse por sí misma, en cambio realizan verdaderos ensayos y tratados justificatorios que la mayoría de las veces ni ellos mismos entienden.

Afortunadamente, no todos los artistas cayeron en la trampa, prófugos de tanto malinchismo oficial, no a todos nos pudieron vender las cuentas de vidrio. Hoy, los artistas comprometidos con su trabajo, con su país, con su pueblo, con sus ideales están volteando nuevamente a la pintura, a los conceptos básicos y fundamentales, a perfeccionar y experimentar las técnicas, a reencontrar raíces extraviadas por el monstruo de la ignorancia, a reentender nuestro pasado que está muy lejos, créanme, de las barras y las estrellas. Acciones básicas, para detener la globalización. Y para evitar que un día las futuras generaciones nos vengan a reclamar por qué Kukulkán vive con la Malinche en los Estados Unidos.

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