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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Las razones del diablo

Bibliotecas cerradas

Por: Dionicio Munguía J.

Por muchas razones, la noticia del cierre de la Biblioteca José María Heredia representa un retroceso social en el municipio. La prensa local no ha hecho mucho ruido con este cierre y sólo breves notas han salido, la mayor parte medio informando lo que sucedió y lo que va a suceder en ese lugar. Algo lamentable, a pesar de la información contradictoria que ha dado el Secretario de Cultura municipal. Porque el cierre de una biblioteca implica un pensamiento retrógrado y poco entendible en una sociedad que necesita, más que otra cosa, ese tipo de espacios culturales en nuestra ciudad.

Al enterarme del cierre de la Heredia, una ola de indignación llenó mi pensamiento. En varias ocasiones he leído poesía en ese recinto, frente a escolares, frente a personas que llegan a consultar el acervo, y no he sido sólo yo, sino un buen número de escritores, no sólo nacionales o mexiquenses, sino de otros países que se han ido asombrados por la arquitectura del edificio y por la amabilidad de sus empleados.

La biblioteca Heredia representa un espacio de cultura en una zona un tanto desangelada. Enfrente tienen el panteón municipal, a un lado una universidad privada. Existen en un edificio con historia, un edificio bello que alberga un acervo impresionante, mayor aún que muchas bibliotecas del Instituto Mexiquense de Cultura. Ejemplares que solamente podías encontrar en sus estantes y a los cuales tenías acceso amable, sobre todo por Guillermina Nateras, la directora.

Ahora me pregunto por el destino de ese material. Sólo espero que no vaya a parar en los estantes de funcionarios municipales, en las oficinas del municipio o en casas particulares, porque estaríamos asistiendo a un saqueo en despoblado. Y no es tanto por la creación del museo de charrería, sino por el acto en sí, la manera tan escondida en que se hace el cierre de la biblioteca, y la manera soterrada para dar una explicación que justifique el hecho.

La indignación que siento no va a desaparecer tan fácilmente. Soy un lector que aprovechó la biblioteca municipal en Querétaro que, ante la imposibilidad de comprar libros, se metía como ratón de biblioteca a leer todo lo que aquellos estantes permitían. Es por eso que la indignación de saber del cierre de una biblioteca no es tan fácil de eliminar. La cerrazón política, que implica un oscurantismo como el demostrado por el supuesto secretario de cultura del municipio, es un retroceso atroz de nuestra sociedad.

Por eso elevo mi protesta, mínima, ya sé, pero protesta al fin. Ojalá y los pocos que leen esta columna hicieran lo mismo, que elevaran su protesta e hicieran llegar a esta redacción sus cartas abiertas al público (y aquí abuso de este medio). No debemos aceptar este cierre, ni ningún cierre de bibliotecas, porque entonces caeremos en la oscuridad de la ignorancia, aunque al parecer ya hay algunos que cayeron en ella.

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