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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

La ventana indiscreta

La ventana indiscreta

¿Dónde está Yugoslavia?

"Había una vez un país…"

Underground

Por: Eridania González Treviño


Después de incesantes guerras por el deseo de un territorio, y con un pueblo agotado de la persecución, en 1928 surge una nueva nación: Yugoslavia, el reino de los eslavos. Conformada por naciones anteriormente destruidas, esta tierra con deseos de trascendencia y posteridad, no encontró paz jamás. Su historia se nos presenta, más que anárquica, dramática y desoladora.

Lugares lejanos, cuya existencia nos llega como en un susurro y de los cuales sabemos de memoria el vocablo "Guerra" y no más, se hacen presentes ante nosotros, importados desde Europa del Este, mostrados a partir de la visión de mundo de un nacionalista esperanzado, aferrado a una patria que existe sólo en el recuerdo y en su imaginario. El tiempo, que no se detiene nunca, da a la historia su ininterrumpido y despiadado camino de novedades que, desastrosas o no, rebasan a quien las escribe y destruye a quien las vive.

Ignorantes del temor de aquellos que se estremecen cuando escuchan el estruendo de una bomba, o el estridente y azorado sonido de un arma que escupe un centenar de balas sin rumbo fijo y que ciudades enteras son destruidas a causa de la irracional ambición, los espectadores de nuestro lado del mundo, agradecen esta sutil presentación de la historia bélica de aquel lejano país.

Underground

(1995) es la recreación festiva y a la vez desoladora de un mundo roto y dolorido, de la impresión de una pluma sin tinta cuya punta traspasa las hojas cual cincel apresurado sobre el ya impuro mármol. Es el recuento de una historia vista y sentida por Emir Kusturica y cantada por Goran Bregovic (Sarajevo).

Escrita y dirigida por el multipremiado Emir Kusturica, Underground relata en una triste metáfora, la vida en el subterráneo de un pueblo engañado y del ideal traicionado. Es la historia del inicio de la desaparición del Reino de Yugoslavia, el 6 de abril de 1941, hasta su total desintegración en 1992. Cinta que representa la inevitable intromisión ideológica de su autor ante la historia adversa de su país que, narrada como cuento, pretende ser eternamente recordada y libre de cualquier rencor.

Con una introducción festiva a cargo de una banda sonora que conjuga música gitana con polifonías búlgaras, en metales rítmicos que incitan a ejecutar las danzas populares que nacen del instinto humano, Underground nos da la bienvenida y nos coloca dentro de la fila de músicos que marchan entre bombas y disparos por las calles nocturnas de Belgrado y que siguen a dos idealistas políticos que han aprendido a celebrar derrotas y victorias.

Dos comunistas que defienden a su pueblo de los invasores y que inmersos en música, vino y mujeres toman el liderazgo de su nación para perpetuarla debajo de la tierra y alejarla de la realidad perturbadora. Pero como en todas la revoluciones sucede, los principios loables y humanitarios con el tiempo se deforman, convirtiéndose en traición. Ni la hermandad ni la sangre ni los principios son suficientes para huir de la felonía nacida del deseo de poder y el desleal será capaz de abandonar a su pueblo ignoto en la superficie, y a sus hermanos que luchan en el subterráneo festivo quién sabe para quien. En una espiral que se comprime la historia de Yugoslavia se repite.

Underground

se estructura en tres partes, inicia con la guerrea, sigue con la guerra fría y termina con la guerra. Una mentira desata el odio de algunos, el extravío de otros y la muerte de todos. Y la música jamás se acaba, la guerra tampoco, la vida continúa, otros tiempos llegan aunque más lento, un hombre se enriquece a costa de sus hermanos y es como si los estuviera matando. Servios y Croatas se matan entre ellos y aquel traidor enuncia: "Ninguna guerra es guerra hasta que un hombre mata a su hermano".

51 años contados en 162 minutos, con magistralidad paródica y realismo innegable, pero la historia continúa. El 17 de febrero de 2008, lo que quedó de Yugoslavia pierde a uno de sus dos últimos integrantes, Kosovo se autodefine independiente a pesar de la oposición de Servia. Sólo una isla, un pequeño trozo de tierra que se separa del mundo para quedar guardado en el corazón de los yugoslavos, donde construirán "nuevos hogares con techos rojos y chimeneas que aniden las cigüeñas, con puertas abiertas para los invitados…"

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