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IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Palabras al viento, en el homenaje a Henestrosa

Palabras al viento, en el homenaje a Henestrosa

En la Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de México, recuerdan al escritor oaxaqueño

Por: Silvia Márquez / Toluca

En el siglo XIX, antes de la invención de la fotografía, era común que las familias adineradas hicieran retratos de los niños muertos para conservarlos en la memoria. De cierta manera, la tradición estaba relacionada con la iconografía establecida para la Virgen María durante su muerte y la Asunción, tales como una corona de azahares, rosas en la mano, palma o vara de nardos, azucenas y sábanas blancas.

Durante las epidemias, el incremento de la mortalidad infantil hizo que el número de pedidos para los pintores de la época también fuera en ascenso. Para “adelantar” el trabajo, algunos retratistas elaboraban varios óleos con diferentes elementos, dejando al rostro del niño incompleto a fin de terminarlo al tener al recién fallecido frente a ellos.

Ayer, en la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de México, se rindió un homenaje póstumo al escritor oaxaqueño Andrés Henestrosa. Los discursos y menciones podrían tener una o varias similitudes en la descripción antes hecha de los retratos póstumos preelaborados, pues los lugares comunes en los que cayeron los oradores permitieron pensar en más de un político, dejando de lado la imagen de Henestrosa.

Durante las palabras, que hablaban de todo y de nada a la vez, se entretejía la ausencia de un homenaje al escritor. Tal parecía que se exaltaba al recuerdo de un hombre, el político tres veces diputado, una senador y, por cierto, Medalla al Mérito Benito Juárez de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.

Si bien se recordó que Henestrosa fue pieza clave en la fonetización del idioma zapoteco y su transcripción al alfabeto latino, sus palabras traducidas a poemas se tocaron de manera tangencial. Los discursos se llenaron de tintes folklóricos, tratando de hacer una descripción de los colores de Ixhuatán, Oaxaca, como quien toma una deslavada bandera indigenista.

De lado también quedaron el contador de historias, o aquel niño que recorrió muchas leguas de playa esperando ver a la sirena del mar en Los hombres que dispersó la danza.

Pedro Salvador Ale, haciendo un recuento de las palabras a los amigos ausentes, fue el primero que habló de la manera en que la literatura moldea la vida del ser humano; Francisco Javier Estrada aprovechó el micrófono para hablar del trabajo propio y la relación personal con Alí Chumacero; Graciela Santana Benhumea intentó, a través del cancionero popular mexicano, hilar una imagen de los paisajes literarios y geográficos de Henestrosa, mientras que Gerardo Viloria recordó al hombre “que no estaba maduro para morir”.

Tal parece que el homenaje no fue de interés para el público en general, pues, aunque hubo muy poca difusión, sólo llegaron cerca de treinta personas, en su mayoría alumnas de una escuela cercana que pasaron lista de su clase en el evento.

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