Blogia
IMPULSO Estado de México || Sección Cultural

Columnas

Mantarraya

Álvaro Villalobos y la protesta marginal

Por: Heber Quijano

La exposición “Registro de performances de Álvaro Villalobos” en el Museo de la Estampa nos confirma la distinción entre el arte doméstico y el arte flagrante, entre la torre de marfil y la trinchera ideológica (distinguiendo la militancia y la protesta), entre la representación de los poderes fácticos y de su oleaje de represiones y manipulaciones y la segregación que éstos producen. Los perfomances de Villalobos le restituyen a la protesta el carácter revelador y creativo, a quienes nos acostumbrados a sufrir la amnesia histórica y la ceguera política, social de nuestro contexto, ya como analfabetas funcionales o como adictos al sedante televisivo, descubrimos que fuera del escaparate hay toda una realidad contundente como knock out.
La marginalidad y la indigencia en la que se cimentan los performances de Villalobos reflejan un claro grito de reclamo a favor de los desvalidos, de los inmigrantes, de los habitantes de los cinturones de miseria y alcantarillas. Entre fotos y grabaciones de distintos colaboradores (Caterina Viterbo, Liliana Miramontes, Jaime Kuri, Jorge Izquierdo, entre otros) podemos ver al perfomer convertido en un anónimo, sin rostro, sin apellido y sin nacionalidad, escoltado por policías en la frontera tijuanense o simulando el hogar hacinado de algún tragafuego en Malinalco, por ejemplo. Pero los performances se multiplican a Medellín, Xalapa, Barcelona o Valencia.
El ayuno metódico nos hace pensar en la rebelión espiritual y la contingencia versus la materialización mercantilista de la sociedad industrial y la inmediatez del fast food típicamente transnacional, a ello añadimos la recurrencia de la ropa blanca con su significado simbólico occidental: pureza, virginidad, inmaculación, esterilización en el sentido médico. Sin embargo, el carácter anónimo que pretende simbolizar el performer convierte su mensaje en una advertencia: “somos uno mismo”, como la sentencia borgiana de que un hombre es todos los hombres y la historia de un hombre es la historia de la humanidad.
Por otra parte, el baño con pintura de los colores de las dos banderas que conviven en Villalobos (México y Colombia) son reflejo de la impregnación, quizá chovinista, quizá a forma de homenaje, del simbolismo patriótico de los propios colores y de las patrias mismas. Más que creativo, lúdico, sonriente, este performances habla por sí mismo.
Hay que señalar, ya en las líneas del estribo, un auge y una explosión en las producciones, con estética propia de gente que proviene de la Facultad de Artes de la UAEM, como la Tercera Bienal de Artes Visuales y las exposiciones “Placas”, también en el Museo de la Estampa, “Acéfalo” y “Versión”. Sólo queda por decir que también recibió el apoyo de FOCAEM y de Conaculta, recalcando que dichos apoyos, por mínimos, lejanos o burocráticos que a veces parecen, siguen cumpliendo una función apremiante.

Comentarios:
heberquijano@yahoo.com.mx

Escaramuza

Escaramuza

Los derechos humanos y la cultura. Un mal chiste

Por:Polo Castellanos

En la inconciencia total, ayer Día Internacional de los Derechos Humanos, ni siquiera se habló de cultura, los derechos humanos solo son cifras…y cifras para nuestros gobiernos. Periodistas muertos; desaparecidos políticos; presos de conciencia; feminicidios; machismo; violencia; discriminación; analfabetismo; tortura; desapariciones forzadas y todos los “ismos” que le pueden caber a la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, tristemente le quedan a México. Nuestro querido México. Sólo la Declaración tiene 29 artículos. El último diagnóstico, emitido por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos en México, consta de ¡31 recomendaciones! ¡Que pena!
31 recomendaciones que van de lo general a lo particular, como: reformar la constitución para incluir el concepto de Derechos Humanos como su eje principal; dotar de autonomía a las comisiones de derechos humanos para promover iniciativas de ley o ampliar su competencia a asuntos laborales y electorales; transformaciones en el sistema de justicia; en seguridad pública; fuerzas armadas; derechos civiles; pueblos indios; mujeres; derechos económicos; derechos políticos; derechos sociales; derechos CULTURALES, etcétera.
Como nos podemos dar cuenta, en materia de derechos humanos estamos en la calle. Y la realidad es que 31 recomendaciones han servido para un carajo. En México se violan casi todos los derechos humanos. Y el incremento a la violación de estos va en aumento. Los informes de los gobiernos solo se remiten a números y estadísticas. ¡No somos cifras!, Somos SERES HUMANOS.
¡¿Pero cómo no va ha ser?! Si México y América Latina son el caldo de cultivo ideal del proyecto posmodernista y globalizador. Por ahora, y mientras en una corte internacional (como la Corte Interamericana o la Corte Internacional de la Haya, que suscribimos) no podamos detener de facto y de una vez por todas, las violaciones a los derechos humanos, en nunguna partre del mundo y menos en América Latina, nuestra América no podrá caminar por el universo orgullosa de su especie.
En la parte de cultura y educación: es para llorar. Solo con ver el siguiente ejemplo nos podemos hacer una idea de la situación. En las instituciones abocadas a la cultura, comenzando por la Secretaría de Finanzas del Gobierno del Distrito Federal y varias entidades del país, piensan que los artistas son prestadores de servicios, y como tales están supeditados a los reglamentos internos de prestadores de servicios. Si este es el estatus de los artistas en una nación con una de las diversidades culturales más grandes del mundo podemos imaginarnos las condiciones en las que opera la educación.
Con la pena pero, la cultura no es un servicio, es un DERECHO (derecho No. 2, 12, 13, 15, y 19,) y las que se junten en la semana de los Derechos de los Pueblos o Individuales, ONU, UNESCO, OIT. Y los artistas no somos proveedores de servicios. Somos creadores de un bien cultural. No somos diableros (con todo respeto), ni meseros, ni fritangeros. Quienes dan el servicio, justamente, es el gobierno y las secretarías de “finanzas” los encargados de “proveer” los recursos para que ese bien cultural se pueda llevar a cabo. Por si todavía no lo saben, los artistas son parte fundamental de esta sociedad, también son seres humanos, no comen ni alimentan a sus familias con trámites burocráticos, ni con partidas presupuestales que pueden tardar hasta un año o más en ejercerse; tienen derecho a la salud; a un trabajo digno. Tampoco somos “hermanitas de la caridad” Somos ciudadanos concientes y solidarios con las desgracias de nuestro pueblo y con sus causas más nobles. El artista es un creador, punto. Merecemos un trato digno por parte de los tecnócratas de las universidades privadas posicionados en mandos estratégicos del Gobierno Fedral y del Distrito Federal.
Pero bueno, en un país en el que la Izquierda es ambidiestra y se alinea cuando le conviene. Y la Derecha es inamobible. Pués bonita nos la llevamos los artistas. ¡Nadie sabe como es que existe ese estatus jurídico-burocrático, muy propio del neoliberalismo, que solamente entienden los administradores usureros. Y que por desgracia, tiene sumidos a los artistas y la cultura en la miseria. Estos tecnócratas quieren convertir el arte en un espectáculo, un divertimento, y a los artistas en los bufones de su corte. Ya Basta.

Silencios Estereofónicos

Silencios Estereofónicos

Chavela Vargas: su regreso a los escenarios, porque Soledad estaba triste y en silla de ruedas

Por: Félix Morriña

Isabel Vargas Lizano, mejor conocida como Chavela Vargas, afirma que el amor no existe, es un invento en noches de borrachera. Desde que escuché esa frase hace muchos años la hice mi consigna, aunque al paso del tiempo se ha transformado en cosas peores y en cientos de mentiras. Aún así, he tenido momentos contradictorios, como todo ser humano que se resiste a la tentación del amor en todas sus variantes para sobrevivir.

Todavía recuerdo a mi padre gritar: "¿Por qué te gusta como canta esa pinche vieja lesbiana? ¡Lo único que vale la pena de ella es que tuvo como amigo y comparsa a José Alfredo Jiménez y que bebía y vivía como todo un bohemio a punto de morir, pero no se muere la méndiga cabrona! Creo que primero me voy a morir yo y ella seguirá cantando o aullando o lo que sea que haga con su voz".

Sin contestar, entonces aseveré con la cabeza. Ahora le recuerdo a mi progenitor que la noche del pasado martes 4 de diciembre del 2007 Chavela Vargas regresó a los escenarios nuevamente por la sencilla razón de que la soledad en la que todo senecto vive estaba triste. Soledad estaba triste o triste estaba soledad. Afortunadamente, ambos están vivos (mi padre y Chavela Vargas) y los dos me han formado y guiado en el difícil camino de la existencia.

Desafortunadamente, Chavela Vargas terminó abruptamente su concierto del Auditorio Nacional por cansancio extremo, el gran esfuerzo realizado a lo largo de hora y media, literalmente la noqueó, y terminó saliendo del majestuoso escenario en silla de ruedas. Antes dijo: "De aquí salgo de pie"… ¡pero no pudo!

Lo que sí logró fue cantar 19 canciones, ni una más, ni una menos, con un sentimiento pocas veces visto. Incluso arrastró varias veces la voz, pero sin perder su estilo único, en verdad único en el mundo. Nadie dio explicación alguna.

Previo a salir del escenario en silla de ruedas, Chavela Vargas recibió de manos de la plañidera cantante pop (otrora rockera) Julieta Venegas un reconocimiento por este concierto homenaje titulado "Chavela Vargas: Gracias México". Todos se preguntaron por qué Julieta Venegas entregó dicho reconocimiento. Nadie supo qué decir.

Hace un año, la máxima figura "femenina" de la canción vernácula fue homenajeada en el Teatro de la Ciudad, en donde pasó la estafeta a la cantante Lila Downs, quien mencionó puede sucederla. La verdad es que nadie podrá heredarle, superarle, ni acercársele siquiera.

Previo al inicio del concierto se transmitió por las pantallas del coloso de Reforma y Campo Marte un video homenaje en el que Joaquín López Dóriga, Eugenia León, Tania Libertad, Joaquín Sabina, Astrid Hadad y la mencionada Lila Downs le rindieron merecida pleitesía.

Días antes al recital Chavela dijo que además regresaba a los escenarios porque la gente así se lo pide. Asevera que si el público quiere más de Chavela Vargas: "¿Por qué ella les va a negar ese gusto?". Además, con tanta música prefabricada y de muy bajo perfil, la música ranchera que interpreta es necesaria para cualquier ser humano con sensibilidad que haya vivido el desamor, la ansiedad por el ser amado, la pérdida de la autoestima y sobre todo de dolidas canciones llenas de vivencias extremas en los arrabales y suburbios, con las que miles de personas se identifican.

Su estancia en el Auditorio Nacional fue grandilocuente y el listado de las canciones interpretadas como si fuera el último concierto de Chavela Vargas fueron: "Macorina", "Flor de azalia", "Sombras", "Se me hizo fácil", "Soledad", "Cruz de olvido", "Un mundo raro", "Vámonos", "Noche de mi amor", "Amarga Navidad", "Pena mulata", "Luz de Luna", "Somos", "Las ciudades", "Las simples cosas", "En el último trago", "Si no te vas", "El andariego" y "La llorona".

Los dos maestrazos de la guitarra que le acompañaron en este recital fueron Juan Carlos Allende y Miguel Peña. Como muchos saben, el sitio ideal para escuchar a esta fortísima mujer (dice que su secreto fue dejar el alcohol, el cigarro, las desveladas y todos los vicios y excesos que la hicieron), es una cantina (en especial la famosa Tenampa de Garibaldi) o cualquier tugurio sin seguridad y sin ley, pero por razones obvias y de salud de la cantante, lo mejor en estos momentos fue el Auditorio Nacional, también por la demanda del público, que finalmente no llenó el recinto, al que le caben 10 mil personas (asistieron apenas seis mil personas).

No hay que dejar de lado que a sus 88 años de edad, Chavela Vargas pudo haber ofrecido su último concierto en México o al menos en la capital del país. No es un secreto que la muerte le ha rondado a la veterana cantante, pero ella ha declarado que no le tiene miedo y que está lista para cuando se dé la inevitable cita.

Se declaró abiertamente lesbiana cuando tenía 81 años de edad, después de que muchos medios masivos de comunicación lo han dado a conocer entrelíneas a lo largo de su carrera, pero que no se atrevían a mencionarlo por respeto a la vida íntima de la cantante y porque ella se ha dado a valer como pocas figuras del ambiente artístico.

Nacida el 17 de abril de 1919 en la ciudad de San Joaquín de Flores, Costa Rica, país al que no le gusta recordar debido a su dura infancia y a que no le han dado el lugar que merece, Chavela Vargas prefiere hablar de cuando llegó a México a los 14 años de edad, de su estancia entre Tepoztlán, Morelos, y de algunas ciudades de España, territorios entre los que comparte su tiempo y sus memorias. Ella se proclama mexicana en todas y cada una de sus manifestaciones.

Convivió en diversos momentos con Emilio "El Indio" Fernández, Juan Rulfo (quien le contaba sus cuentos antes de escribirlos), Jorge Negrete, Dolores del Río, su amado José Alfredo Jiménez, Álvaro Carrillo, Antonio Méndez, María Félix, sus queridos Frida Kahlo y Diego Rivera (con quienes sostuvo encuentros fraternales), entre muchas otras figuras e iconos de la cultura nacional, quienes decían que Chavela Vargas posee una voz muy rara, pero que ha vivido la vida del artista: entre tumbo y tumbo, entre copa y copa y entre risa y llanto, pero con la dignidad como estandarte y con la frente en alto.

Y así salió del escenario del Auditorio Nacional, con la frente en alto, después de que los presentes habían bebido los brebajes de su canto, después de dejar sobre sus butacas cientos de miligramos de nostalgia, después de mostrar sus gargantas desgañitadas, y sobre todo, después de curar su mal de amores, al menos por una noche.

Las razones del diablo

Evel Kenivel

Por: Dionicio Munguía J.

Su figura cayendo en el cemento es conocida por todos aquellos que alguna vez estuvimos, en el Autódromo Hermanos Rodríguez, en el espectáculo que diera en los años ochenta, a principios. Fue morboso enfrentarse a toda la parafernalia de su acto, motocicletas, autos, llamas, círculos de fuego, explosiones que llenaban la tarde noche con reflejos naranja. La ciudad de México fue un escenario majestuoso, aunque el regreso no fue tan glamouroso como la figura de Kenivel en el aire. Y no podríamos hablar de él sin pensar en qué se convirtió: en un símbolo de la cultura norteamericana, símbolo que creció con base en la leyenda de sus fracturas.

Durante más de veinte años supimos de sus actos y la mayor parte del tiempo nos asombramos por su audacia (o estupidez, diría un amigo hace varios lustros). Y aunque el antiyanquismo que teníamos los jóvenes en aquellos años nos hacían desear su fracaso, la mayor parte del tiempo disfrutamos viéndolo por la televisión y algunos niños hasta deseaban convertirse en una imagen semejante, un audaz loco que brincaba desde cualquier lado, o realizaba los actos más temerarios en una ciudad.

Ahora, y para ampliar el obituario de símbolos del siglo pasado, acaba de morir, no como el profesor Zovek en México, o como algunos desconocidos acróbatas que cayeron en cumplimiento del espectáculo: en una acrobacia arriesgada. Evel Kenivel murió no tan tranquilamente, pero sin caerse de una moto o estrellándose en un auto o brincando entre explosiones espectaculares en una pista de carreras.

Sí, podríamos decir que murió de manera tranquila, no acorde a la vida que llevó y que su hijo ahora intenta emular. Kenivel se transformó en una leyenda poco deseada por las madres, pero admirada por jóvenes que tenían en su sangre una adicción por la adrenalina, ese síndrome de la fama, esa necesidad por sobresalir, aunque se hagan las cosas más estúpidas y se adquieran lastimaduras que, en muchas ocasiones, dejan secuelas difíciles de olvidar. Así fue la vida de este norteamericano, un tanto loco, pero un tanto audaz, atrevido, que rompió la barrera de la cordura por el simple deseo de brillar en el firmamento de la trivialidad norteamericana.

Mantarraya

Mantarraya

Juan Gelman, la espiral de la orfandad

Por: Heber Quijano

Que abran las puertas del infierno, que se escondan en sus guaridas los verdugos, los torturadores, los cómplices desvergonzados de la Operación Cóndor —del norte y del sur—, que se hundan en lo más profundo sus más mínimos restos, que hoy vamos a elogiar la cicatriz, la infecta dolencia del espíritu que supura la poesía de Juan Gelman, ésa que sangra la conmiseración con la humanidad, la que se estampa en el papel, entre líneas, en la poesía duradera e inmortal, esa poesía que nos devela lo más sublime y lo más grotesco de nuestra condición humana.

Es pretexto la reciente publicación de un nuevo libro, es pretexto el Premio Cervantes otorgado al poeta argentino, hijo de padres ucranianos, padre de un hijo torturado y asesinado por la dictadura cuyos restos se encontraron trece años después, suegro de una nuera cuyo paradero se desconoce, abuelo de una nieta entregada afortunadamente a una familia uruguaya. Es pretexto, pues, su militancia ideológica y literaria contra de todo aquello que tenga que ver con totalitarismo, represión, violación a derechos humanos, que lo llevó al exilio, latente siempre, como en Despertar: "tu país es este cuarto lleno de tu país/ un mapa de tu país está pegado a la pared/ buenos días te dice cada día", aunque a veces su exilio sea de la raza humana.

Gelman provoca una dislocación de la sintaxis, muy al estilo de César Vallejo, que refleja su perspectiva de un mundo dislocado por los poderes fácticos y opresores, en el que se cierne siempre un terror insondable, al que como hombre comprometido con la vida, el amor y la libertad, no escatima en sus apuestas ni en sus decisiones: "Si me dieran a elegir, yo elegiría / este amor con que odio, / esta esperanza que come panes desesperados.// Aquí pasa, señores,/ que me juego la muerte", nos dice en "El juego en el que andamos". Por ello, la poesía es una necesidad inexorable e impostergable: "pues: escribo para alertar al vecindario al mundo en general / porque qué haría la inocencia ahora que está armada/ sino causar graves desórdenes como espantar la muerte", como nos dice en "Juguetes".

Para Gelman la poesía es "como una hipnosis", que no cede ni concede en su ímpetu, ya en sus poemas más alegres, ya en los más lóbregos y desesperanzadores, como la desgarradora "Carta a mi madre" o los devastadores poemas recogidos en Notas y Carta abierta, mausoleo lírico de la desolación existencial. Que se abran las puertas del infierno, que la muerte le jala la cola al Diablo en nuestro temor a la muerte, ajena y propia, pues como el mismo Gelman dijo: "Ningún poeta o escritor habla de muchas cosas, sino de pocas. La obsesión es como una espiral, cada vez más abarcadora, en la que la expresión de una misma obsesión cambia por la edad, las experiencias de la vida o las lecturas". Que se escondan bajo su sombra los culpables.

 

Juan Gelman, Pesar todo, México, Fondo de Cultura Económica, 2005

Comentarios: heberquijano@yahoo.com.mx

Mantarraya

Mantarraya

Paquito D´Rivera, acústico éxtasis lúdico

Por: Heber Quijano

Burbujeando subió la candela por los oropeles y las columnas decimonónicas de Bellas Artes Orquesta Sinfónica Nacional; cosquilleando contó los compases el rubor que crece en las plantas de los pies, impacientes pavesas que bailan desencadenadas de la batuta cerebral; tarareando resonó Broadway en la Ciudad de México con las reminiscencias rítmicas de Gershwin y Ellington; efervesciendo el olor a tabaco, ron y arroz, irradió por las altivas manos que se ofrecen para tomar la dirección de un buen danzón: Paquito D´Rivera vino a México.

Claro, no puedo negar mi emoción y dejar de lado mi supuesta y prometida objetividad, pero ya sabe usted que la música siempre domina a las bestias. Y no sólo eso, hay ocasiones en que las bestias —perdón nosotros los de a pie—, podemos llegar a intuir lo sublime y lo etéreo a través de ciertas melodías. Aquí podemos hablar del Réquiem de Mozart o del de Verdi, de la Quinta o de la misma Titán de Mahler, de la Novena de Beethoven y la que usted guste, incluyendo claro la música popular. Claro, por qué no, si el propio D´Rivera elogiado por la exigente prensa especializada estadunidense, el D´Rivera pupilo virtuoso del maestro Dizzy Gillispie, el Paquito que esplendió su candor cubano con toda la raza chilanga haciendo una improvisación sublime de Al fin te vi, además de arreglos ya más elaborados a Andalucía, ambas del danzonero habanero Ernesto Lecuona.

El músico, que formara el mítico Irakere junto al pianista Bebo Valdés, colmado de premios, condecoraciones y elogios (como éste), mostró su cordialidad en todo momento, incluso cediendo al típico desasosiego insaciable de los espectador. A pocos fraseos quedó de reflejar esa esencia inefable del Johnny Carter de El perseguidor de Julio Cortázar, cuento por demás clásico del escritor argentino amante del jazz. En definitiva, el Bar Zinco debió ser un limbo en ese oasis nocturno en que a veces se convierte la Ciudad de México, como reseñó excelentemente narrado por Pablo Espinosa hace algunos días.

Jazz suave, danzón, big band, improvisaciones, sabor caribeño, música académica, clásica o culta —como usted guste—, de cualquier género podemos entender esa intuición tan precisa y tan destacada por Cortázar: "yo creo que la música me metía en el tiempo". La música es por su raíz rítmica, por su evocación del cadencia cardiaca (que algunos consideran el origen de la música), por su simulación de los sonidos que nos rodean y por su base elemental, el silencio, el medio más consistente para hacernos entender esas revelaciones espontáneas, impredecibles y esporádicas respecto a la vida, que Joyce llamaba epifanías. No en vano dice la canción: "Que me entierren con la banda". El propio Ezra Pound pedía a los poetas aprender a tocar un instrumento en aras de entender la dinámica del ritmo. Ya vendrá Paquito de nuevo a Toluca, como lo hizo algunos, para hacernos volar en fa, en do o en nuestro asiento.

Comentarios: heberquijano@yahoo.com.mx

 

Escaramuza

Escaramuza

¿Por quién doblan las campanas?

Por: Polo Castellanos

Casi como reloj, cada 15 o 20 días, hay un altercado en la Catedral Metropolitana. Al estilo muy propio del nuevo Santo Oficio, por un lado, y al estilo populista demagogo por el otro. Pero enfrentamiento al fin y al cabo. Y como Pilatos todo el mundo se lava las manos. Pero qué casualidad en el país de aquínopasanada y vivimostodosretecontentos. El Santo Oficio insiste en estigmatizar las legítimas luchas sociales a donde no le llaman.

Muy convenientemente, justo el día en que la Convención Nacional Democrática se reunía en la Plaza de la Constitución, el repique de las campanas fue excesivo. ¿Qué estarían pensando en Catedral?, o más bien, ¿quién dio la orden? ¿El Cardenal, que en ese momento estaba haciendo su rabieta en el Vaticano, o la Secretaría de Gobernación que ahora también utiliza a la Iglesia para su guerra sucia, a través del "excelentísimo" Sr. Cardenal, Arzobispo Primado de México? Por desgracia un grupo de fanáticos cayó redondito en la provocación en esta maquiavélica jugada para enfrentar al pueblo contra el pueblo mismo. No sería la primera vez.

Este Santo Oficio posmoderno y su cardenal, que no tiene nada que ver con los curas revolucionarios que comprometidos con su pueblo han sido consecuentes con su catolicismo y han aportado cosas muy valiosas a este país, desde Morelos, Hidalgo, Fray Servando, hasta "Tatic" y que para vergüenza de éstos, pregona en el nombre de Dios, la intolerancia o cero tolerancia, como prefieran, hoy se toma libertades y atribuciones que en el pasado habíamos superado y que costó la sangre de muchos mexicanos. Desde cuándo la Arquidiócesis se permite facultades para cerrar un monumento nacional. Porque la Catedral Metropolitana antes de ser un templo, en este país, primero es un monumento histórico, que al igual que el antiguo Palacio del Arzobispado le pertenece al pueblo de México y no a la Iglesia.

En este sentido, la Ley Federal sobre Monumentos es muy clara: ARTÍCULO 36.- Por determinación de esta Ley son monumentos históricos:

l.- Los inmuebles construidos en los siglos XVI al XIX, destinados a templos y sus anexos: arzobispados, obispados y casas curales; seminarios, conventos o cualesquiera otros dedicados a la administración, divulgación, enseñanza o práctica de un culto religioso; así como a la educación y a la enseñanza, a fines asistenciales o benéficos; al servicio y ornato públicos y al uso de las autoridades civiles y militares. Los muebles que se encuentren o se hayan encontrado en dichos inmuebles y las obras civiles relevantes de carácter privado realizadas de los siglos XVI al XIX inclusive.

Así que el secretario de Gobernación y el Arzobispado pueden decir misa si quieren, pero la Catedral Metropolitana debe estar abierta. Si Moisés viviera escribiría el 11º. Mandamiento: "No cerrarás monumentos nacionales aunque te los estén prestando y respetarás los bienes del pueblo".


Y con esto de que el Vaticano cerró el Limbo para siempre, ya se puede volar directo y sin escalas al Infierno o al Paraíso. Así que, ¿cuál será el verdadero destino de esta sotana roja que, con su particular mojigatería, nos da cátedra en sus homilías sobre moral y ética al frente de una institución que, independientemente de sus virtudes, ha protegido, desde curas asesinos como el cura Enrique Meza, instigador del linchamiento de estudiantes en San Miguel Canoa en el 68, hasta curas pedófilos que cobardemente se esconden bajo las sotanas de la Arquidiócesis Primada de México y el Vaticano?

Las relaciones Estado-Iglesia que particularmente se encontraban más o menos en su sano juicio, se salieron de control desde que en el año 2000 el agua bendita se les derramó en Los Pinos y los golpes de pecho, desde Gobernación, dando las gracias al ser supremo, se escucharon en todo el país. Ya es hora de que se le señale puntualmente a la Arquidiócesis de México cuáles son sus limitaciones y obligaciones, y que el Episcopado Mexicano y el Vaticano evalúen a cabalidad a quién ponen al frente de esta Institución. Nada más falta que esta nación se empiece a gobernar desde el púlpito del fanatismo, "no, pos ni lo mande Dios". Así que, ¿por quién doblan las campanas?

Una mirada plástica

Una mirada plástica

La vida pictórica de Lourdes Arretxea

Por: Paul Achar

Las historias fantásticas son el método que Lourdes Arretxea utiliza para revelar al hombre un mundo que, al ponerlo en su obra, comparte por medio de láminas oxidadas, maderas, telas, papeles en técnicas mixtas trabajadas con mucha destreza.

Los materiales crean lugares que cobran vida sólo con posar la mirada en ellos, inventando personajes con características simbólicas que dejan entrever su mundo fantástico permitiéndonos comprender las debilidades y fortalezas de cada personaje que utiliza para identificarnos fácilmente con uno de ellos o con su historia misma.

No tiene la dificultad de comprender el arte abstracto o la filosofía, deja ver su forma de pensar y nos permite entrar en la parte más intima de su mente que es su creación libre y sin prejuicios tomando la escuela de grandes maestros.

Lourdes logra crear un propio estilo que la ha distinguido con premios y menciones honorificas en nuestro país con más de 20 exposiciones en México y en el mundo, como La Casa de Cultura "Raúl Anguiano", el Museo Regional de Tlahuac, la Casa de Cultura Arizkunenea en España, la Casa de Cultura Vera de Bidasoa del mismo país, el Casino Español, entre otras que se han visto vestidas con la obra de esta maestra.

Licenciada en historia del arte, estudio también artes plásticas con Guadalupe Bishop, Gabriela Terán, Javier Gomesoto y Rafael Requena. Estudió Introducción a las Artes Gráficas en el Museo Dolores Olmedo, el taller de grabado en el Centro Nacional de las Artes.

¿Cómo empezó usted en la pintura?

"Yo pintaba como hobby desde que tengo uso de razón. Creo que tiene algo que ver que tengo tres hermanos mayores, soy la cuarta y única mujer, la forma que encontró mi mamá para entretenerme era con pinturas y así evitaba broncas familiares como el balonazo de futbol, porque también lo jugaba con mis hermanos, si me ponía a jugar con muñecas, mis hermanos se encelaban y las rompían, por eso preferí pintar".

¿Cuándo decidiste hacerte profesional en la pintura?

"Cuando ya no lo pude hacer como hobby. Estudié historia del arte y empecé a trabajar en el Banco de México como historiadora del arte.

"En lo que salía de la carrera me iba al banco, regresaba a la universidad, llegaba a la casa y ya no tenia tiempo para pintar ni para nada mas en la vida. Por esa falta de tiempo para pintar troné y fue cuando me di cuenta que era muy importante para mi".

¿Qué es la pintura?

"Es de lo poco que puede ayudar en el mundo para tener un mismo idioma".

¿Crees que la pintura pueda ayudar a obtener la paz mundial?

"Me encantaría, la verdad es que así lo creo, pero también es cierto que para los gobiernos el último centavo es para el arte que es el único que habla el idioma universal".

¿Qué opinas de las políticas culturales del D.F.?

"Hemos tenido políticas populistas que apoyan conciertos que según son cosas culturales pero no encuentro un apoyo real para ninguna tendencia de las artes, no solo pintura, escultura, grabado sino me refiero a arquitectura, danza, teatro".

Si tú fueras la directora de Conaculta ¿qué propondrías?

"Acercaría más la cultura al pueblo. Conseguiría bardas proponiendo un buen espacio para grafitteros, aquellos que hacen obras de arte.

"Crearía concursos de pintura, escultura, teatro, etcétera para dar a conocer los nuevos y los viejos talentos que nadie conoce, todo para darle al artista un buen lugar".

Ya que mencionas a los grafitteros ¿son artistas o sólo son unas personas expresándose por medio de grafos?

"No creo que sean artistas pero sí que se expresan de una forma gráfica y es mejor que agredan una pared que a una persona en forma física, que aunque es mucho más ligero, tampoco es válido que salgas en la mañana y te encuentres tu pared toda llena de pintura. Creo que es una forma de manifestar la agresión con que viven".